Según Díaz-Canel, las conversaciones han sido coordinadas con las principales instancias del Partido, el Gobierno y el Estado cubano
- 15/04/2012 02:00
Violencia educativa vs autoridades de Educación
C ada vez son más frecuentes los hechos de violencia educativa o el acoso estudiantil, que parece encontrar terreno fértil en nuestro país, sin que las autoridades encargadas de regentar la educación puedan hacer absolutamente nada.
Hace solo unos días fuimos testigos, a través de los medios de comunicación, de la agresión con una ‘Gillette’ de la cual fue objeto una estudiante del Instituto Fermín Naudeau de manos de otros estudiantes.
Este hecho, más que una travesura propia de estudiantes, es un acto criminal, que no puede ser pasado por alto sin sanciones ejemplares.
Sumado a este reprochable incidente, pudimos ver, pocos días después, cómo estudiantes de un plantel educativo de la provincia de Colón tuvieron un enfrentamiento, ocasionando que una estudiante resultara cortada en el rostro con una botella de vidrio. Lo cual nos obliga a preguntarnos ¿qué está ocurriendo? ¿Por qué estos hechos, y que está pasando en la familia panameña?
Todas estas interrogantes, encuentran respuesta en cada familia y en el poco o casi nulo compromiso de los padres para con sus hijos.
Las autoridades de Educación se encuentran limitadas a las sanciones propias de los reglamentos educativos, que fijan las sanciones en el proceso lectivo, y no pueden ir más allá, de lo que contempla la Ley.
Pero la jurisdicción especial de menores, sí es competente para conocer, investigar, y sancionar las infracciones que cometan los menores. Los padres deben ser más responsables y desempeñar su rol, como lo contempla el principio de patria potestad que aparece en nuestra Constitución Política.
La familia es el terreno abonado para lograr alcanzar la sociedad que todos queremos, y merecemos. Esos estudiantes quizás no han recibido el consejo claro de sus progenitores, y el resultado de sus actos quizás sea producto de una familia disfuncional, sin valores ni principios. Quizás esa sea la forma de responder. Pero no es la forma para hacerlo.
Pensamos que campañas desarrolladas por el Ministerio de Educación en los medios de comunicación donde se resalten los valores, pueden ser un paliativo a los problemas que vienen confrontando esos menores en sus hogares. Como también pueden ayudar a despertar a los padres de familia en sus deberes y derechos.
Igualmente, el Ministerio de Desarrollo Social debe diseñar políticas de integración familiar y dinámicas familiares, donde consejeros y trabajadores sociales las ejecuten, de tal manera que la incidencia en ese tipo de conductas, que atentan contra la convivencia social pacífica, disminuya.
La realidad es que no podemos dejar de lado este problema. Estamos frente una bomba de tiempo y donde cualquier omisión incrementa la creación de una sociedad sin valores, convirtiendo a esos ciudadanos en futuros delincuentes.
Hacer una comparación de estos tiempos con nuestra época, nos da un resultado totalmente opuestos. Existía lo que hoy es un acoso educativo, pero la diferencia de nuestros tiempos es que el problema ha evolucionado al punto que la agresión verbal alcanzó la esfera física.
S abemos que es difícil para un padre o madre tener que afrontar una crisis familiar, pero es mejor corregir al menor que castigar al adulto.
ABOGADO Y CONSULTOR EN COMUNICACIONES.