Panamá defiende ante China fallo sobre el Canal y la separación de poderes, exigiendo respeto a su soberanía y Constitución ante la OEA
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Agrega La Estrella en Google ↗️El tenso intercambio entre China y Panamá, durante la 56.ª Asamblea General de la OEA celebrada en la capital, dejó al descubierto una realidad: el pulso entre los grandes intereses comerciales extranjeros y la institucionalidad de nuestra República. Es cierto que la relación con China es importante. Panamá no puede desconocer el peso comercial, logístico y marítimo de una potencia con presencia decisiva en el comercio global y que los capitales extranjeros son necesarios para el desarrollo nacional y deben ser recibidos con reglas claras, transparencia y respeto mutuo. Pero ninguna relación bilateral, por estratégica que sea, puede colocarse por encima del orden constitucional. Cuando el representante de Beijing exige al Ejecutivo panameño “corregir” un fallo de la Corte Suprema de Justicia que anuló la concesión portuaria en Balboa y Cristóbal, cruza una línea inadmisible. Panamá hizo lo correcto al recordar que en una democracia la separación de poderes no es una formalidad: es una garantía. También debemos mirar nuestras propias fallas. Si este contrato terminó naufragando en los tribunales, fue por la opacidad de administraciones pasadas y por negociaciones hechas de espaldas al país. Defender hoy el fallo no es atacar a China; es defender la República. Resulta igualmente preocupante cualquier forma de presión económica o diplomática. El incremento de inspecciones a buques de bandera panameña en puertos chinos debe observarse con seriedad. Panamá debe cuidar sus relaciones, pero no ceder a presiones de China ni de ninguna potencia.