La campaña para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia es la más áspera que recuerde el país, marcada por profundas divisiones...
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Agrega La Estrella en Google ↗️Colombia cerró una jornada democrática pacífica e histórica, marcada por una diferencia mínima que retrata, con crudeza, el país partido en dos que llega a este nuevo capítulo político. El resultado dio como ganador a Abelardo de la Espriella frente a Iván Cepeda, con un margen tan estrecho que no permite triunfalismos, sino responsabilidad. Pero también expresa el deseo de una parte decisiva de la sociedad colombiana de recuperar certezas, orden institucional, seguridad y confianza en el futuro. Allí estará la primera prueba del nuevo mandatario: convertir ese mandato en una oportunidad de reconciliación nacional, gobernar para todos y demostrar que el cambio de rumbo puede ejercerse sin revancha, con respeto a los derechos humanos, respaldo al sector privado y atención real a las poblaciones más vulnerables. Colombia necesita bajar el tono de la confrontación, cerrar el paso a la violencia como lenguaje político y enfrentar con firmeza la sombra del crimen organizado y la narcoguerrilla, no desde el espectáculo, sino desde instituciones fuertes. Los desafíos son enormes, especialmente en el Caribe, donde el crimen, la crisis energética y la falta de infraestructura siguen frenando la lucha contra la pobreza. El éxito de este gobierno no solo le importa a Colombia: su estabilidad es una pieza esencial para toda la región. Si a Colombia le va bien, también respirará mejor el continente. Es la hora de la unidad, no de la revancha.