• 11/06/2026 00:00
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El plástico que vuelve en Panamá

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Las leyes más exitosas son aquellas que, con el tiempo, dejan de notarse. No porque fracasen, sino porque logran cambiar conductas. Durante años, llevar una bolsa reutilizable al supermercado pasó de ser una rareza a convertirse en una rutina. Fue una pequeña victoria ambiental que parecía consolidada. Sin embargo, hoy el debate sobre las bolsas plásticas vuelve a la mesa, recordándonos una verdad incómoda: los cambios culturales nunca están garantizados. La Ley 1 de 2018 no nació para encarecer las compras ni para incomodar a los consumidores. Nació para enfrentar un problema real: la contaminación provocada por millones de bolsas de un solo uso que terminaban en ríos, playas y vertederos. Ocho años después, el balance es imperfecto, pero innegable. Menos bolsas circulan y más ciudadanos han incorporado hábitos distintos. El problema no es la ley. El problema es la inconsistencia. Comercios que la aplican a medias, consumidores que siguen exigiendo excepciones y una fiscalización que parece aparecer y desaparecer según las circunstancias. Cuando una norma depende de la voluntad individual para cumplirse, deja de ser una política pública y se convierte en una sugerencia. Panamá debe preguntarse si quiere profundizar los avances alcanzados o retroceder por comodidad. Porque cada bolsa plástica entregada puede parecer insignificante. Millones de ellas, no. Y las conquistas ambientales, como los buenos hábitos, son mucho más fáciles de perder que de construir.

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