• 15/08/2026 00:00
Entrelíneas

Panamá la Vieja: la ciudad que todavía nos cuenta

Hay ciudades que celebran su historia. Otras, además, la llevan a cuestas. Panamá la Vieja cumple 507 años y sus ruinas siguen diciendo mucho más de lo que parece. No hablan únicamente de una ciudad fundada frente al Pacífico, del comercio que la hizo crecer o del ataque que terminó por arrasarla. Hablan también de sus fronteras. De quiénes estuvieron dentro. Y de quiénes aprendieron, desde temprano, a vivir en los márgenes. La ciudad colonial tuvo iglesias, plazas, casas principales y espacios de poder. Pero también tuvo arrabal. Una ciudad visible y otra apenas mencionada. Esa fractura sobrevivió al fuego, al traslado y a los siglos. Cambió el paisaje. No del todo la distancia. Hoy, a pocos metros de las ruinas, el contraste vuelve a imponerse. Panamá Viejo pierde población mientras Costa del Este se eleva con torres, avenidas y una imagen de prosperidad que parece mirar hacia otro lado. La ciudad moderna creció rápido. Pero no siempre creció junta. Por eso, conmemorar la fundación de Panamá no debería reducirse a una fecha, una ceremonia o una fotografía frente a la torre. La memoria urbana exige más. Hace falta contar la ciudad entera: la colonial, la amurallada, la periférica, la vertical, la que prosperó y la que quedó esperando. Un Museo de Historia de la Ciudad, o una sala permanente dedicada a esa evolución, permitiría hacerlo. Porque Panamá la Vieja no es solo el lugar donde comenzó nuestra capital. Es también un espejo. Y, cinco siglos después, todavía nos devuelve preguntas.

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