La polémica sobre la ejecución presupuestaria del Meduca evidencia un problema estructural que va más allá de cifras y tecnicismos. No es casual que la ejecución de los fondos de inversión ronde apenas el 17 %, mientras persisten décadas de carencias en infraestructura, materiales y condiciones educativas que siguen sin resolverse. Ante las críticas, la ministra de Educación, Lucy Molinar, ha respondido diferenciando entre “presupuesto en papel” y dinero realmente disponible, y resaltando supuestos ahorros millonarios en una licitación. Sin embargo, la explicación deja más dudas que certezas sobre un tema que exige claridad técnica y transparencia. El Meduca arrastra una estructura burocrática que demanda reformas urgentes en su gestión. No reconocerlo ni corregirlo alimenta la desconfianza ciudadana y refuerza la necesidad de transformar la administración de los recursos para que se traduzcan en mejoras palpables en el sistema educativo. La educación es, quizá, la inversión más estratégica para el futuro de Panamá. Por eso, la baja ejecución presupuestaria no es un asunto menor, sino un síntoma de prioridades desalineadas. El Meduca debe ir más allá del discurso y demostrar, con cifras claras y acciones concretas, que el presupuesto no es una promesa en papel, sino un compromiso real con la educación pública.
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