• 22/06/2015 02:00

Adecentamiento

La corrupción entorpece, atonta y atolondra. No nos quedemos callados. Es el momento de actuar y dejar de quejarnos

La corrupción que afloró en los últimos años en Panamá no fue un problema de ayer. Es un flagelo que empezó a gestarse hace años, cuando la sociedad panameña permitió que políticos o militares inescrupulosos nos gobernaran sin un parámetro lógico de desarrollo. Dejamos hacer, nos relajamos, permitimos que la familia perdiera el control de los hijos; nos dio pereza enseñar valores... Inaceptablemente dejamos que la educación fuese decayendo al abismo y hoy, los niños de ese ayer decadente, son los que tienen el poder. Ahora nos ruborizamos. Nos lamentamos de tanta corrupción. Nos quejamos porque los colegios privados aumentan sin razón las mensualidades... Es el precio que tenemos que pagar. No obstante, podemos enderezar. Eso sí. Necesitamos trabajar duro fortaleciendo las instituciones y denunciando cualquier indicio de corrupción. Es el momento de sentar bases. En diez años tendremos resultados efectivos, si continuamos por esta vía. La corrupción entorpece, atonta y atolondra. Salgamos de la borrachera a la que nos someten los políticos y exijamos calidad de educación, salud, justicia y democracia. No nos quedemos callados. Miremos a nuestros hijos y prometamos que su mañana será el de un país de decencia y desarrollo. Es el momento de actuar y dejar de quejarnos.

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