09 de Ago de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

La bala que mató a un lanzador

R oberto Hernández, conocido como ‘Flaco Bala’, ex lanzador de la selección de béisbol de la provincia de Los Santos, unos momentos ante...

R oberto Hernández, conocido como ‘Flaco Bala’, ex lanzador de la selección de béisbol de la provincia de Los Santos, unos momentos antes de viajar a Estados Unidos para atender el mal que le aquejaba, dijo que quizás regresaría al suelo patrio ‘en paquete’ y esbozó una dificultosa sonrisa luego de expresar la metáfora y para borrar algo de ese humor negro, propio de su provincia.

Los médicos nada pudieron hacer y el mal que afectaba su esófago, pudo más que los 24 partidos seguidos que ganó y que más de mil ‘ponchados’ por su diestro brazo. El cáncer lo sacó del partido cuando aún no había llegado a la tercera base y borró la magnífica estadística con que podemos explicar la carrera deportiva de este santeño.

Su regreso final a su tierra y todos los tributos que se hagan para levantar el pedestal de su memoria, quizás borren los detalles de las circunstancias en que se produjo la enfermedad que se lo llevó, luego de apartarlo de los estadios. Quienes lo conocieron y fueron sus cercanos amigos, recordarán su afición al cigarrillo y el jugueteo entre los dedos de este humeante acompañante de la soledad y la intranquilidad.

Sí, este espigado caballero del montículo, tuvo esta adicción, causante del 95% del cáncer del pulmón en el mundo. Un mal con dos garras; aquella de células pequeñas, que corresponde a entre el 15 y 20% de las muertes y el otro, de células no pequeñas, o grandes, que va de 75 al 80%.

Hay algunas profesiones, los deportistas y los artistas a quienes la inclinación a este vicio, los afecta. Es doblemente sensitivo ver a jugadores de cualquier tipo, salir de los partidos y buscar un espacio para chupar con ansiedad y expeler el humo; igual, la gente que hace teatro, locutores y artistas. Cuando veo esto, paso y les digo ‘eso mata’. Me miran con desdén y dicen, ‘de algo hay que morirse’.

Pero lo grave no es ese destino final, sino las condiciones en que se llega a ese estado. Flaco Bala, tenía cincuenta años y había concluido recién su carrera profesional. En el último quinquenio, en Panamá las muertes por cáncer llegaron a unos 2,411 casos y las cifras constatan que en cuanto a afecciones de pulmón en el 2007, hubo 236 y en el 2009, 237.

El consumo de cigarrillos es una de las principales causas del cáncer de pulmón. En 2007, de las 7.9 millones de personas que murieron por ese mal, 1.4 millones fueron específicamente por afecciones pulmonares. Esta es una de las más frecuentes causas de defunción en Latinoamérica.

Dos países, Estados Unidos y España, tienen cifras significativas sobre el cáncer de pulmón. En el primero, en los años cincuenta, el porcentaje fue de 4.9 por cada 100 mil habitantes y en los años 90 se pasó a 75.6 por cada mil personas. En España, cada año hay 20 mil nuevos casos. El 18.4 entre los hombres y 3.2 entre las mujeres. El balance en este país ibérico es de 82 por cada 100 mil españoles.

Si bien la presencia de consumidores de cigarrillos ahora no es tan pública por las normas que cada vez son más estrictas, se puede ver cómo a la salida de cines, a un costado o en la parte trasera de empresas, de bancos, restaurantes, se aglomeran quienes tienen este viejo vicio para dar rienda suelta a sus necesidades; que ha dado como consecuencia que en las paredes externas de ciertos edificios se colocan letreros de ‘No fumar’.

Preocupa, no obstante, que esta práctica sigue arraigándose en los jóvenes y sobre todo entre las mujeres. Ahora, es típico que las chicas lleven en una mano el celular y en la otra la caja de cigarrillos con su respectivo encendedor y a la primera oportunidad, cuando se encuentran con amigos o amigas o coinciden frente a los tragos, se dedican a fumar en grupo, lo que le hace una tendencia social.

Aunque la publicidad de este tipo de productos tiene implícita la advertencia sobre los riesgos para la salud; hay una inclinación a vincularlo a actividades culturales y deportivas y se constituye en una especie de paliativo a los calmantes para la gente que se altera por el tipo de actividad en que se ve envuelta profesionalmente.

Si Flaco Bala no hubiera caído en esta adicción, quizás ahora podrían los más jóvenes aprender de su experiencia y sus capacidades sobre el deporte. ¡Qué bueno hubiera sido!

*PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.