28 de Oct de 2021

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Adiós a un maestro: Raúl Alberto Leis Romero

H ay gente que viene al mundo a cubrirse con el silencio, otros vienen a luchar. Hay unos que piensan y viven para su interioridad, otro...

H ay gente que viene al mundo a cubrirse con el silencio, otros vienen a luchar. Hay unos que piensan y viven para su interioridad, otro viven para los demás. Hay gente que da lo que le sobra, otros comparten lo que les falta. El licenciado Raúl Leis fue uno de esos que vino a luchar por los demás y a compartir. Actividades muy extrañas en este mundo de competitividad por los estatus materiales, en donde la consiga no escrita es valorar a la gente por lo que tiene y no por lo que es.

Conocí a Raúl por sus escritos en la revista Diálogo Social y desde entonces me identifiqué con su pensamiento. Posteriormente, lo conocí a través de su esposa y compañera, Mariela, hija de un paciente mío.

El término ‘compañera’ puede sonar mal ante oídos susceptibles, pero no encuentro mejor vocablo para describirlo: fueron compañeros dentro y fuera del hogar. Adentro con sus hijos, afuera con los hijos de todos, porque la meta de ambos es vivir en un mundo mejor. Raúl se entregó por entero a esa meta. Nuestros hijos menores compartieron las aulas de la escuela Montessori, y Mariela me decía que, junto a otros tres, formaban una cofradía. Por esa cofradía me enteré en Colón de la muerte de Raúl a los 10 minutos de su anuncio. Los dos matrimonios íbamos a pasar carnavales juntos en su casa de Taboga, pero los Leis prefirieron compartir el congreso de los Ngäbe Buglé. Así era esa pareja.

Es imposible escribir la biografía de Raúl Leis en 500 palabras o menos.

Sociólogo de profesión y oficio, pero incursionó también en las letras panameñas con varios premios Miró y fue miembro activo de varias organizaciones nacionales e internacionales, todas vinculadas a actividades sociales. Sus lecturas y sus escritos lo convirtieron en uno de los hombres más eruditos de nuestro país, como lo demostraba a diario con su humildad. Un maestro que enseñaba con la palabra y con las acciones.

Nuestra sociedad se está organizando. Tal vez en serio por primera vez. Estamos confluyendo en la Asamblea Ciudadana, en donde Raúl era uno de sus pilares fundamentales. Por eso digo, con propiedad, que su muerte infame es un golpe profundo que se le da a la Sociedad Civil.

Pero su ausencia física debe obligarnos a interiorizar en la obra del maestro para sacar aliento e intensificar la lucha, para que en Panamá se erradique la pobreza, para que vivamos en un país de hombres libres e iguales y para que nuestro credo político sea la Democracia Absoluta.

*MÉDICO Y ESCRITOR.