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26 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Plenilunio en la Isla Mágica de Sinán

Una galaxia creciente. Pocas veces el devenir histórico de una nación procrea un ente superior por su talento creativo y con las luminos...

Una galaxia creciente. Pocas veces el devenir histórico de una nación procrea un ente superior por su talento creativo y con las luminosidades que genera. Es el caso del tabogano Bernardo Domínguez Alba, el cual siempre renovó su haber literario.

Todos los géneros los fertiliza con sus producciones bibliográficas y, algunas, establecen ciclos que identifican al Panamá literario, como lo hace con Onda (poemario), La boina roja (cuentos), Plenilunio (novela). Con la Biblioteca Selecta promueve las narraciones panameñas en la América Criolla.

Sinán nace con la República en 1902, en ese entonces, las ideas separatistas desarrolladas durante todo el siglo XIX se encaminan a la singular encrucijada de 1903, coincidiendo con los intereses expansionistas del Coloso del Norte. Sinán y el acto separatista de 1903, son dos acontecimientos que unen Patria y Literatura. Nada es casual en nuestra historia, vivimos un pasado que siempre es presente, pues nuestros poetas, dramaturgos, narradores y ensayistas lo encarnan sin dobleces.

Un romance espectral

Plenilunio es la novela galardonada con el Premio Ricardo Miró en 1943. Rogelio Sinán como auténtico innovador de los géneros literarios de Panamá, introduce, en un juego de irrealidades, un diálogo inusual, como lo sugiere Roland Barthes ‘una lectura es una relación donde se entrecruzan sentidos múltiples’. Al estilo de Unamuno, Pirandello, Andrei Bítov involucra al lector con el autor y lo protagonistas en un océano de sombras.

La trama de Plenilunio es una comedia del éxtasis entre Elena Cuhna, Céfaro, Crispín y Mack Arango. Son acertijos en una urdimbre de sensualidades, es la flor de la lujuria en esa sed de oro de las enormes aves de rapiña que nos acosan. Los personajes le reclaman al autor que los humanice, rechazan ser formas abstractas, nebulosas. Sinán además cuestiona a ‘la lectora’ la instancia de ser leído o soñado, él prefiere ser el conductor esencial del onírico drama. Y en ese agónico esfuerzo ahora son cinco los que claman ante la extraña lectora el derecho a existir, eternamente, sin el paroxismo neurótico en que ella los congela.

El autor de Semana Santa en la Niebla y de Incendio, con el dominio de la técnica teatral, desarrolla un lenguaje coloquial matizado de intriga, suspenso e ironías. Los relatos siguen el uso de los tiempos simultáneos de Jorge Luis Borges y se apoyan en una temática subyacente alusiva a la quimera del oro, es la Babel del Istmo, con su ruta interoceánica que derrama vicio a manos llenas. En el infierno de codicias y de odios, siempre somos el puente de todas las miserias y de los pecados más grotescos. Caminamos entre sordos y unidos a los eternos ególatras con sus afanes de lucro, solo nos puede salvar la fe en los cimientos de nuestra nación.

Plenilunio es la metáfora de nuestro desdoblamiento, es imperativo dejar de girar como una ruleta. El diseño narrativo es análogo al Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell, cada imagen fantasmal tiene un reflejo diferente según el espejo que la proyecte. Y anticipándose a Andrei Bítov en la Casa de Puskin, Elena, Céfaro, Crispín y Mack le suplican al autor cambiar las escenas finales de la obra, pues hay un desacuerdo existencial entre la ficción y la realidad. Y el poeta de Saloma sin salomar en una alquimia con polvillo lunar, nos involucra en ese enredijo de complejas pasiones de su sutil fantasía.

La isla de las paradojas

La isla mágica es premiada en el Concurso Ricardo Miró de 1977.

‘El mar es como el tiempo. Su eterna recurrencia tal vez anide un símbolo del devenir eterno’.

Me acerqué a la Marina con un misterioso gozo y dispuse embarcarme en El Izabal y viajar a esa isla con un mar glauco, risueño y bondadoso, allí todo ocurre con una lógica de contrapunto, los hechos suceden a la inversa. En esos días de carnaval sentí un rumor de voces, los árboles, campanas, olas, gaviotas, peces, balandras y tormentas tienen una musicalidad extraña. Entre la farsa y la algarabía me sumergí en el océano psicológico de Sinán, el dramaturgo de La cucarachita mandiga entrelaza, en el entorno de un hábitat marino de fantasía y realidad, la cosmovisión del arquitecto del universo con la acción particular de Juan Felipe Durgel.

La obra, entre otras cosas, nos acerca al refranero popular, recoge con sal y pimienta la sabiduría aluvional. Sinán, a través de la versatilidad de los personajes, resalta el pintoresco humor cotidiano con un lenguaje irreverente, crudo e hiriente. Apunta con sutil crítica a los valores tradicionales, en especial a los de la política criolla. La temática costumbrista la enriquece con una detallada descripción del paisaje cultural y geográfico. Se refiere a cada hecho, por difícil que sea, con elegancia. Son punzantes los toque históricos: Desde la colonia al ferrocarril, el incidente de la Tajada de Sandía, las oleadas de inmigrantes, el movimiento inquilinario, la guerra de Coto, el fusilamiento de Victoriano Lorenzo, la llegada del general Pershing y su visión alucinante de la Zona del Canal, allí todo está prohibido para los panameños.

Sinán engarza. magistralmente, a cada uno de los protagonistas con la trama vital. Los personajes están allí y comparten con nosotros angustias y alegrías, pues el autor de Lulú ante los tribunales conoce la idiosincrasia de los panameños. El fundamento conceptual de la narración es un mordaz cuestionamiento del orden establecido. Confronta el universo social, religioso, político y económico de nuestra cultura y asume una actitud contestataria dirigida hacia un humanismo auténtico e integral. El demoledor ataque contra los sepulcros blanqueados nos recuerda a Erasmo. Rogelio Sinán gusta de lo absurdo y grotesco, lo amalgama con lúdicas pinceladas en las cuales armoniza en rara ósmosis lo obsceno y lo sagrado, la culpa y el castigo.

La presencia del mar impregna cada uno de los pasajes, el ensueño marino lo expresa con ilimitada riqueza lírica. La isla mágica, en una unidad espacial, compendia un haber literario de excepción. Poesía, drama, narración y ensayo renacen, cíclicamente, con más madurez y profundidad. La presencia del fenómeno transitista es una constante en los afanes de escritor, es nuestro trauma, conflicto y contradicción. Es nuestra debilidad y fuerza, es la nación que se fecunda con el inmigrante, con sus dolores e ilusiones. Es la patria ultrajada por las águilas imperiales. La patria se busca a sí misma en su tragedia y sale triunfante en cada nueva alborada, no hay existencia que no surja del polen.

La Semana Santa es el ente ontológico de sus dos novelas, son las antípodas entre los ángeles y los demonios. Al desenlace de Plenilunio su ‘lectora’ le da un final dramático, en ese otro sueño que tiene el autor, una vez más, ella le gana la partida, ya no hay más desquites. Pero Rogelio Sinán logra la hazaña que le vaticina. Elena Cunha y Juan Felipe Durgel se casan en ese tiempo de las incógnitas y la muerte sólo puede eludirse mediante auténticas actitudes creadoras, lo indispensable es una licuadora de sueños para que pueda parecer verosímil, una isla mágica para un pueblo mesiánico. Somos una nación plena de fe y de esperanza.

Rogelio, vamos a tomar un café... y me dedica el libro tal como me lo prometió, lo leí... y firmó en marzo de 1980.

Reseña dedicada a Gloria Guardia, estudiosa quijotesca del poeta de La isla mágica.

Referencia Bibliográfica

Sinán, Rogelio. Plenilunio/4a. ed. – Panamá: AIPSA, 1972 - 221p.

La Isla Mágica/ Panamá: INAC, 1979. 658p.

Ríos Torres, Ricardo Arturo. Las raíces compartidas/ Panamá: Editorial Universitaria, 1993. 261p. il.

La metáfora de los espejos/ Panamá: Editorial Portobelo, 1995. 378p.il.

Musas del Centenario.

*ESCRITOR.