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21 de Jan de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Relaciones contemporáneas con Colombia

Desde el 2008 está engavetado en el Congreso colombiano un proyecto de ley para sustituir al istmo de Panamá por las islas del Archipié...

Desde el 2008 está engavetado en el Congreso colombiano un proyecto de ley para sustituir al istmo de Panamá por las islas del Archipiélago de San Andrés y Providencia; iniciativa propuesta por el representante Dayro Bustillo del Departamento de Bolívar, quien considera que Panamá, al dejar de ser parte del territorio colombiano desde 1903, no debería tener representación en el emblema nacional. El escudo colombiano en su franja inferior tiene el istmo de Panamá con fragatas custodiando cada mar, significando el ejercicio de la soberanía colombiana. Una realidad superada.

Colombia nos heredó un rico legado cultural, instituciones jurídicas y políticas, incluso el apoyo a las reivindicaciones soberanas, pero también se han sentido los efectos de la violencia derivada de la inestabilidad, tráfico de indocumentados, de armas y drogas, como el desplazamiento humano, incluso en los peores momentos se compartieron guerras civiles ajenas a la realidad panameña. A lo largo de la historia, Panamá ha sido condescendiente, no se olvide que hasta 1922 Colombia reconoce a la República, gracias a concesiones del Tratado Thompson—Urrutia otorgadas por EE.UU. sobre el territorio nacional al margen de la voluntad panameña. Derechos de tránsito por el Canal, que le fueron reconocidos posteriormente mediante el Tratado de Montería. Sin embargo, durante 108 años de separación, ambos países han compartido relaciones armoniosas, no exentas de tensiones. Hoy, ambos países enfrentan retos comunes en la lucha contra el narcotráfico, el trasiego de indocumentados y de armas en una agenda bilateral que trata la complementariedad económica y comercial, la integración energética; cooperación y desarrollo fronterizo; controles de flujos migratorios y cooperación sanitaria.

En los últimos años, Panamá ha absorbido inversión colombiana adquiriendo industrias emblemáticas panameñas como las lácteas, galletas, café y cervecerías; además de empresas hoteleras, recolectoras de desechos y de transporte urbano. Mientras las comisiones binacionales discuten la reubicación de hitos, programas de cooperación fronteriza, aduanera, migratoria y judicial con el infructuoso traslado de condenados. Panamá es el único país fronterizo con Colombia, que sin ejército disuasivo, ha tenido que hacer frente a la creciente presión migratoria de ese país.

La nueva realidad internacional exige definiciones contemporáneas en las relaciones entre Colombia y Panamá con un replanteamiento del discurso y una política vecinal innovadora de socios con obligaciones compartidas dispuestos a adaptarse al nuevo mundo emergente. Además, se precisa definir estrategias comunes para sacar adelante los acuerdos comerciales con EE.UU., mientras se coordinan políticas fronterizas frente al combate a la pobreza, la desigualdad, el narcotráfico y la violencia en una agenda convergente que impulse relaciones inspiradas en la asociación estratégica para enfrentar los nuevos desafíos de desarrollo del milenio. Hoy, las condiciones han madurado y el objetivo estratégico pasa por reducir la retórica, redefiniendo intereses y elaborando una agenda bilateral capaz de comprometer los esfuerzos institucionales en asuntos fronterizos estratégicos. La modificación del escudo nacional colombiano sería un buen punto de partida para generar confianza apoyados en una diplomacia preventiva.

*ABOGADO Y ANALISTA INTERNACIONAL.