27 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Elecciones dentro de seis meses

RECTORA DE LA UNIVERSIDAD DE LA PAZ.. E sa fue la promesa del militar Omar Efraín Torrijos Herrera al desconsolado pueblo panameño desp...

RECTORA DE LA UNIVERSIDAD DE LA PAZ.

E sa fue la promesa del militar Omar Efraín Torrijos Herrera al desconsolado pueblo panameño después del 11 de octubre de 1968. La ciudad estaba sitiada con policías y rollos de alambre para que los panameños no caminaran para ningún lado. Los que vivimos esos momentos realmente no lo deseamos recordar.

Había una incertidumbre y llanto, pues, el doctor Arnulfo Arias Madrid, tenía mucha gente que lo quería y proyectaban un futuro próspero con un nuevo trabajo, una legislación, un cargo diplomático, en fin, muchos sueños.

La Universidad de Panamá fue cerrada por largos meses hasta que decidieron los militares nombrar a un ungido que respaldaba las decisiones gubernamentales.

Yo estudiaba con Lolita Pinilla de Proctor en la Universidad y me llamó para decirme que su hermano era uno de la Junta de Gobierno. Eso no me bajó ni me subió la moral. La amistad con ella se mantuvo hasta que salimos de la Universidad.

Recuerdo que la situación de inseguridad era muy dura, especialmente para quienes no aprobamos el golpe. Pocos educadores aplaudían ese hecho, pero, no había otra. Aguantar callado y estudiar estrategias de lucha.

No puedo olvidar a tantas mujeres con quienes conversamos, hablar casi por señas para identificamos con este dolor de perder la democracia en un abrir y cerrar de ojos. Yo vivía en San Miguelito, lugar que llamamos la cuna de lobos. Aun vivo en el mismo lugar, pero no quiero dejar de recordar a dos mujeres extraordinarias con quienes caminábamos muy silentes para junto con otras damas y el apoyo de algunos varones establecer las estrategias de liberación. Rosario ‘Mami’ Arias de Galindo y Querube Solís de Carles, dos grandes luchadoras por la democracia. Pero también contábamos con la mensajería de Alcibíades Cerrud, un maestro de la escuela Estado de Israel, que nos traía cajetas de información todo para repartir a los miles de oyentes de oreja.

En la Boca, área revertida, había una señora que nos ofreció su casa para que nos reuniéramos de noche. Gracias a Dios pudimos hacerlo varias veces, y así vivíamos con la incertidumbre, ‘¿hasta cuándo?’. Sólo Dios sabía.

Tengo mucho que escribir, que decir a nuestra juventud y cosas que recordar, pero he desviado mi objetivo principal: ‘Elecciones a seis meses’. Ese fue el caramelo que nos dejaron ver.

Pasaron seis meses y los señores gobernantes comenzaron a saborear las delicias del poder. No era fácil dejar el camino que sin lucha habían logrado. Al final recordamos mucha tragedia y así terminó la dictadura con la desaparición de muchos panameños y panameñas. Héctor Gallegos, el padre, fue uno de los primeros que desapareció sin señal.

Los seis meses de espera para nuevas elecciones se convirtieron en años, hasta completar 252 meses que sumaron 21 años. La liberación, como se dio, no era como los panameños católicos y de otras religiones deseábamos, pero ni modo, tuvimos que aceptar ese 20 de Diciembre de 1989 con mucho dolor, pero sin vuelta atrás.

Habrá que preguntarle al señor Noriega por qué él permitió semejante desgracia, si a él le habían ofrecido mejores cosas para que dejara el caramelo, pero él no aceptó el ofrecimiento. Se hubiera librado de tantas angustias en diferentes cárceles. Sus hijas y nietos estarían hoy más felices.