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18 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Pueblo unido

El pueblo unido, jamás será vencido. El asunto es que esa unidad siempre tiene serias dificultades por el sectarismo, el dogmatismo, los...

El pueblo unido, jamás será vencido. El asunto es que esa unidad siempre tiene serias dificultades por el sectarismo, el dogmatismo, los celos de liderazgo, las variantes que naturalmente se dan, y varias más. Pero sigue siendo una meta ideal tras la que hay que seguir avanzando. En los lugares en que históricamente se ha dado, aunque temporalmente, sus efectos positivos han sido evidentes. Las diferencias de conceptos, de metodologías, de interpretaciones de los diferentes componentes, de los personajes, y del análisis de las realidades y de la historia con sus porfiados hechos distancia a los grupos, partidos o personas que buscan esa unidad.

Unidades, Frentes, Coaliciones, Alianzas, Solidaridad son ensayos que a veces han tenido éxitos parciales, pero que exigen un alto grado de objetividad, tolerancia, comprensión, amplitud de criterio, uniformidad de metas, visión futurista, razones, experiencias, respetos mutuos, integridad, análisis de la historia, justicia y solidaridad nacionalista y planificación.

Los pueblos han sido manipulados por intereses económicos, valiéndose de los grandes recursos del dinero y la publicidad, de circunstancias históricas, de la pobreza, del desempleo y la demagogia. Falsos mesías pseudonacionalistas, prometedores profesionales de toda clase de obras y bienestares desvían a los pueblos de sus más efectivos y reales propósitos. Localmente la gran mayoría de los supuestos y propuestos candidatos de alto nivel, vienen de la clase que dispone de los recursos de comunicación masiva y de los medios para movilizarse y repartir saludos, abrazos, apretones de mano y toda clase de técnicas de proselitismo; o de otros que se pegan como ‘manzanillos’ a esas cúpulas de élites monetarias.

Aun dirigentes de extracción popular, terminan por ser manejados o ser instrumentos de poderes mercantiles solapadamente. La realidad es que, en casi todas las organizaciones políticas que han existido, hay grupos económicos que aportan los dineros y que al final son los que definen las políticas de gobierno. Teniendo los medios para dar justicia social no han resuelto la pobreza por codicia. Muchos no están panameñizados, sino son transnacionales. Sus competencias los hacen agresivos, aun entre ellos. Cuando han aparecido otras posibilidades de liderazgo son saboteadas o se les priva del apoyo, para que no constituyan una orientación que margine del control del poder y de sus beneficio a la clase privilegiada financista. Sea calumnias, golpes de Estado, presiones internacionales, manipulaciones legislativas o publicitarias, el hecho es que resultan eliminadas de las posibilidades de uso del poder para el Pueblo.

Aquí y hoy, como en muchas partes del mundo, los diferentes sectores económicos dirigen partidos; y la gran membresía media y popular son los coros que hacen el trabajo de organización de hormigas, llenan las manifestaciones y aun van a votar, pero que no participan de la toma de decisiones importantes ni definen los criterios prácticos de las acciones de gobierno según las supuestas expresiones ideológicas.

El pueblo es uno solo. Es el que vive de la canasta básica, el que usa el transporte colectivo, el que paga la gasolina y los impuestos. Es el que delinque, el que se droga, el que mantienen en la ignorancia, el que hace las colas en los hospitales, y que los llevan a votar por diferentes colores para resolver los mismos problemas. El pueblo, la ciudadanía, las comunidades, todos anhelamos las mismas soluciones, pero terminan por seguir consignas que determinan otros intereses ajenos a los propios.

Con los ropajes populistas: los progringos, militares, banqueros, malos empresarios explotadores, los privatizadores, los que violan los Derecho Humanos, los corruptos profesionales se hacen dueños de ‘la política’. Sí, en la historia reciente han habido dictaduras, desaparecidos, exilados, demagogia, corrupciones, privatizaciones, invasiones que han dejado graves profundas heridas en ese mismo pueblo. Pero los altos niveles económicos se han beneficiado y se siguen beneficiando de ‘la política’.

Tienen aparentes diferencias, a veces son socios o propietarios de los mismos bancos. Ellos tienen el control y la posesión de los grandes recursos que produce nuestro país por nuestra geografía, nuestra inteligencia y nuestro sudor. Esos recursos, que si bien se evidencian en torres, Canal, empresas, bancos, inversiones, compras de tierras, no se trasladan a la canasta básica, a la producción agraria, a reducir el precio de los alimentos, a indemnizar a las víctimas de la invasión (89 )y de la dictadura (68) que la provocó.

Todos los perjudicados somos el mismo pueblo. Ahora son los ngäbe buglé los que sufren. Todos metidos en el mismo ‘churuco’. Democratizar los partidos, ir con la participación de las organizaciones ciudadanas sindicales gremiales e independientes, eliminar la influencia del dinero en las campañas electorales, que la justicia sea efectiva e igual para todos, que la educación llega en forma masiva a los pueblos utilizando la tecnología televisiva comercial y la responsabilidad social de las empresas.

El pueblo unido, desde todas las tribunas, tiene que exigir que el poder constitucional se concrete de verdad en función y a favor del PUEBLO. Esa unidad de todos los colores tiene que exigir respeto, justicia, derechos humanos, cese de la impunidad, indemnizar a las víctimas, verdad, realidad, reformas constitucionales, judiciales, policiales y electorales. Es con la acción en la calle, en los partidos, en la universidad, en los medios de comunicación como caminaremos a un primer mundo, si aspiramos a un Panamá mejor.

El alcohol puede causar violencia y accidentes.

En memoria de Monseñor Crestar Durán.

MÉDICO Y EXMINISTRO DE ESTADO.