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21 de Jan de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

¿Guerra contra Italia?

C uando escribo estas líneas dos diarios importantes titulan casi lo mismo, en grande: ‘Mulino advierte a Italia’, y el otro, ‘Mulino am...

C uando escribo estas líneas dos diarios importantes titulan casi lo mismo, en grande: ‘Mulino advierte a Italia’, y el otro, ‘Mulino amenaza a Italia’.

Al momento de comprar en el anaquel del supermercado los dos periódicos, un paisano llevaba uno en sus manos y en voz alta comentaba jocosamente: ‘Bueno, guerra contra Italia dice Mulino, así que a engrasar bien a La Panquiaco y La Ligia Elena’.

No pude menos que sonreír, y evoqué aquella declaración de guerra de Noriega contra EE.UU., el acto más irresponsable y estúpido de la historia nacional, en momentos en que ningún asesor inteligente y de carácter (de la primera calificación habían varios, de la segunda no recuerdo ninguno) pudo haberlo detenido o colocado una inyección anestésica, que nos hubiera evitado la mayor desgracia de la historia panameña.

En este affaire del gobierno con autoridades italianas, no hay una dimensión tan grave, obviamente. Pero no deja de ser un caso delicadísimo, por las connotaciones mediáticas mundiales, independientemente de lo que hagan o digan luego las autoridades judiciales.

El presidente Martinelli, ante las cámaras con la periodista Jenia Nenzen lució con un control verbal y gestual bastante favorable a nivel de la escena; reiteró ‘no tener el mínimo temor de aquellas investigaciones en Italia, y que ni él ni ningún alto allegado tenía que ver con nada doloso o inmoral’.

Siendo así, ¿por qué y para qué el ministro Mulino, su delegado de alto nivel ante el gobierno de Italia, necesita de ese lenguaje, tan antidiplomático, cuando ha sido canciller, aunque ahora viajara solo como ministro Ad- Hoc de Relaciones Exteriores? Ya debiera saber que ese tipo de relaciones —y más con el escándalo mediático internacional, sin que hablemos de resultados y pruebas, que aún se ignoran— siempre deben tener un manejo de filigrana.

En tiempos que la justicia inicial, de rumores o mentiras, verdades o medias verdades, tienen como primer tribunal a los medios de comunicación, para mal o para bien, sus palabras serán titulares o comentarios, negativos sin dudas, en lo internacional.

¿Por qué utilizar lenguajes amenazantes contra autoridades de un país, grande además, cuando su gobierno no puede responder, y menos con plazos exigentes, de lo que hacen sus funcionarios judiciales? Al menos allá hay posiblemente separación de los poderes del Estado. Además si el presidente Martinelli ha afirmado, con tono alto y seguro de voz, ‘que no teme nada de aquellos tribunales’, ¿qué falta hace emplazar a Italia y sus intereses, con la anulación de contrataciones legales?

Los chinos antiguos nos enseñaban que ‘quien grita tiene miedo’. Aquellos sabios como Lao Tsé y Confucio, separaban muy bien la valentía y la serenidad, sobre la grosería y la bravuconada.

Los panameños, y eso lo vemos a diario, en especial en nuestro parlamento, vemos lo contrario: vulgaridades, insultos mutuos, es lo que la generación que manda el país está heredando a los niños y jóvenes.

Si bien Italia pasó recientemente una época de un Berlusconi, aberrante, inmoral, sin escrúpulos —difícil de ganárselo en la Europa reciente a nivel de vulgaridad— sigue siendo la cuna del Derecho Romano, piedra angular del Derecho Moderno.

Estamos frente a una República de Panamá Bipolar: por un lado una joven nación, que emerge del subdesarrollo y pobreza, con grandes y buenas calificaciones de progreso material, espectaculares obras de infraestructura, sector privado pujante, geografía y destino extraordinario, juventud estudiosa. Es decir una Panamá Adulta, Responsable.

Y la otra cara: una clase política sin pudor moral, sin vergüenza de tratarse a escupitajos, con rampante corrupción, donde ya no parece que se gane o se pierda reputación; es decir, un niño grosero, malcriado, irresponsable. Ese niño es el que nos manda a nivel del Estado. La otra Panamá nada puede contra él. Al menos todavía. Pero ya llegará el día. No lo dudo, es asunto de tiempos.

ABOGADO Y MILITAR RETIRADO.