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21 de Jan de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Las avenidas del alma

Los escasos estímulos positivos que reciben los jóvenes en la actualidad, no es nada nuevo. La juventud de todos los tiempos ha sido obj...

Los escasos estímulos positivos que reciben los jóvenes en la actualidad, no es nada nuevo. La juventud de todos los tiempos ha sido objeto de críticas y ha carecido de brújulas frente a la desorientación y los vicios. No hay advertencias en los caminos que llevan hacia las avenidas del alma de los jóvenes.

La sociedad olvida que muchas de las grandes hazañas de la humanidad han sido realizadas por jóvenes. Alejandro Magno, se convirtió en el más grande conquistador de la historia cuando tenía solo 23 años. Julio César consolidó el imperio romano al cumplir 33 años. Hernán Cortéz conquistó México a los 35 años. Jesús de Nazaret, con solo 30 años, inició un ministerio que transformó al mundo y mantiene vivo su mensaje de redención frente al pecado.

Las Sagradas Escrituras recogen numerosas historias de jóvenes que se pusieron del lado de la justicia, aunque se desplomaran los cielos. Esa juventud atesoró en su mente y su corazón principios de vida que son imperecederos. No tuvieron temor de aspirar a grandes ideales, ni de emprender proyectos que parecían imposibles o de mostrarse confiados en la dirección correcta, porque hicieron de Dios su amparo y guía permanente.

La sociedad necesita en la actualidad jóvenes que no se dejen desviar de sus propósitos, que tengan una clara conciencia de su papel en medio de la degradación de los valores y principios que deben regir las relaciones humanas. Por eso la importancia de guardar bien las avenidas del alma.

De acuerdo a las Sagradas Escrituras lo que abriga en su mente el ser humano, es lo que nutre sus acciones. La persona es lo que son sus pensamientos más íntimos. En la Biblia la mente, el asiento de la racionalidad, está relacionada con el corazón, la sede de los sentimientos.

Ese es el motivo por la cual el ser interior debe ser renovado por la influencia divina, como parte del proceso de buscar la pureza de la vida. No puede desarrollarse un carácter noble y virtuoso sin la ayuda de Dios. Sería como construir una casa sobre arenas movedizas, pues caería ante las primeras tormentas.

Custodiar cuidadosamente las avenidas del alma está relacionado con lo que se lee, se ve, se escucha y se habla. La mente no debe espaciarse al azar sin estar sujeta a un claro discernimiento. ‘Piensen en todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, en todo lo que tiene alguna virtud’, recomendó el apóstol Pablo. Abrigar ese tipo de pensamientos demanda vigilancia constante y la asistencia divina.

El hogar, la sociedad y la Nación necesitan jóvenes capaces de hacer planes con mentes claras y ejecutarlos con mano valerosa, que posean energías frescas y no estropeadas. Una juventud que ponga en ejercicio sus poderes, con aguda reflexión y acción vigorosa. Jóvenes de corazón incorrupto, fuertes, valientes, que reconozcan que glorificando a Dios con sus vidas se alcanzan pensamientos nobles y elevados y se beneficia a la humanidad.

Lo contrario es una vida desenfrenada y no gobernada por la providencia divina. La vida es siembra y cosecha. Todo lo que el joven siembre, eso también cosechará. El que siembra para los placeres de la vida, para lo vulgar y frívolo, sin control de las avenidas del alma, irremediablemente cosechará destrucción y ruina eterna.

Los jóvenes deben examinar la ruta por la que están caminando. Frente a cada uno se proyecta la senda de la rectitud y el camino de la perdición. Andar por la ruta equivocada representa peligro y desastre, el vicio y la degradación. Es terminar mental, moral y físicamente convertidos en náufragos humanos.

Por el contrario cultivar, con la ayuda divina, rasgos de carácter encauzados hacia fines que superen los intereses egoístas y temporales y que se manifiesten en una severa integridad, una voluntad indomable, en esfuerzos arduos y perseverancia incansable, es apuntar la proa visionaria hacia las estrellas.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.