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02 de Jun de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Un PRD incluyente o unidad de mentira

Nuestro sistema político está definido por la Constitución como una democracia partidista, lo que obliga a los ciudadanos que coinciden ...

Nuestro sistema político está definido por la Constitución como una democracia partidista, lo que obliga a los ciudadanos que coinciden en corrientes o pensamientos políticos a agruparse en partidos. El primer esfuerzo, después del golpe en 1968, lo hizo el propio general Omar Torrijos, cuando decidió replegarse a los cuarteles y permitir que los civiles tomaran el control de vida política de Panamá. Esfuerzo truncado por la traición de algunos de la cúpula castrense después de su desaparición física.

Los panameños pagamos un precio muy alto por retomar el proceso interrumpido en 1981. Detenidos, presos, golpes y ejecuciones en los cuarteles, fueron entre otros los costos. Pero lo peor fueron los muertos de la invasión: oficiales, tropas y civiles que defendieron la patria; gente inocente que nada tenía que ver con la dictadura norieguista. Nadie del Estado Mayor murió, nadie de los amigos del poder se levantó en armas para defender el terruño mancillado.

Luego vino la etapa de educación democrática. Lo único que se conocía era el modelo de democratización truncado por los militares que sucedieron a Omar. Al Tribunal Electoral, le ha tocado un papel muy importante y todos los panameños debemos reconocer que ha hecho incansables esfuerzos por fortalecer la democracia. El soberano, que es el pueblo, decidió en el 2009 que no nos gobernara ‘una chola’. El soberano prefirió a un empresario. Así lo recalcó Ricardo Martinelli en su discurso de toma de posesión el 1 de julio de 2009, cuando se definió como ‘un gobierno de empresarios’. Dos meses después ante la Asamblea General de la ONU reiteró: ‘We are open for business’.

La misma oligarquía que financió en parte la campaña del partido ganador, fue la que hizo negocios con Manuel Noriega y su régimen corrupto. Identificamos que estamos ante un sistema de mafiocracia, cuando la red de corrupción de un país forma un tejido tan impenetrable que los ciudadanos honestos tenemos que acostumbrarnos a convivir con ese sistema.

Los organismos de control, como el Poder Judicial, el Legislativo y la Contraloría, son comprados. Además manipulan al pueblo para que no conozca sus derechos. Provocan desigualdad y violencia entre los que entran al sistema corrupto y los que se mantienen en posturas de principios. Este sistema putrefacto y peligroso también llega a los partidos políticos donde están a la orden del día la compra de votos, los fraudes, las turbas que se enardecen, porque les pagan y son usadas para apuntalar un régimen de terror contra los que se oponen a sus prácticas, la inmovilización y la falta de una agresiva capacitación.

No somos caballos de Troya más bien, como decía Paulo Coelho, somos guerreros de la luz. Estamos diciendo la verdad. La unidad del partido PRD no hay que proyectarla en base a una mentira. Sí, hay una división y todo el país lo sabe. ¿Qué ha hecho el nuevo CEN por procurar un acercamiento?

Los excluidos no estamos atentando contra la dirigencia. Estamos al margen, porque esperamos que se inicie una discusión política que no se hace desde 1994. Estamos esperando a que hagan lo que hizo la dirigencia saliente: una oposición clara y permanente, en las calles, en los medios, sin miedo y sin paños tibios. Estamos esperando que se limpie el sistema de mafiocracia que se ha impuesto, estamos esperando que el CEN respete la democracia interna. Estamos esperando que la dirigencia del partido retome las enseñanzas torrijistas y las ponga en práctica. Estamos esperando que el CEN reconstruya las murallas tal como hizo Nehemías del Antiguo testamento, en Jerusalén. Estamos esperando que sean capaces de hacer lo que Omar recomendó: ‘El PRD tiene necesariamente que asegurarse un mecanismo de autocrítica en su estructura que lo capacite para corregir de inmediato aquellos errores en que pudiera incurrir en su quehacer político’.

El término moderno de caballo de Troya se refiere a traición. Y no hemos sido nosotros, los excluidos, quienes hemos traicionado al partido. No hemos traicionado a nuestras bases, no las hemos engañado, no las compramos. Preferimos perder con dignidad, que arrodillarnos ante el dinero. Corresponde al nuevo CEN demostrar que son incluyentes, que son capaces de lanzar una propuesta revolucionaria que alcance más allá de los muros del partido y retomar el ciclo social del torrijismo, con una actitud de genuina humildad política. Solo así ganaremos las elecciones del 2014.

MIEMBRO DEL PRD.