26 de Sep de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

El despertar de la conciencia

El sábado 24 de noviembre asistí a una marcha alusiva al Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer. Fue una sorpresa agradabl...

El sábado 24 de noviembre asistí a una marcha alusiva al Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer. Fue una sorpresa agradable encontrarme con hombres y mujeres de distintas asociaciones cívicas y políticas que acudían al llamado un sábado en la tarde en un fin de semana puente. Esto significa que la conciencia del pueblo está despertando. Cada uno de los manifestantes llevábamos una cruz, la cual tenía un traje, una blusa o una chaqueta de mujer. Cada cruz tenía la breve historia de un feminicidio no resuelto.

En Panamá, según un informe de Alianza Ciudadana Pro Justicia, 194 mujeres murieron en forma violenta entre el 2008 y el 2010.

La cruz que yo llevaba simbolizaba a una mujer que encontraron sepultada en su propia finca en Bocas del Toro. ¿El victimario? En perfectas condiciones en la cárcel de Bocas del Toro, y amenazando con crear un sindicato de privados de libertad.

¿Cómo se tipificaría sociológicamente la violencia de género cuando se le arman casos a mujeres que se han atrevido a denunciar y a investigar delitos que van en perjuicio de la Nación? ¿Será feminicidio judicial?

En los últimos tres años se han abierto casos a cuatro importantes figuras femeninas. A la exprocuradora general de la Nación, Ana Matilde Gómez, por el delito de abuso de autoridad al haber ordenado una interceptación telefónica para confirmar que el exfiscal Arquímedes Sáez solicitaba coima en uno de los casos que investigaba. Fue condenada a seis meses de prisión e impedimento del ejercicio público por cuatro años.

Nedelka Navas, exnotaria de Colón, con medida cautelar de casa por cárcel. A la cacica Silvia Carrera la querellaron por incurrir en supuestos delitos en contra de la administración pública.

Pero el caso de Balbina Herrera es insólito. Presentó una denuncia y quedó enjuiciada. Desde que interpuso la denuncia han cambiado a tres fiscales y dos jueces. La primera juez dio un sobreseimiento provisional en el caso. Enseguida se produjeron cambios en los cargos de fiscal y juez. Sin importarle que la Ley no se lo permite, el segundo juez nombrado en este caso solicitó una ampliación al fiscal, emitió medida cautelar en contra de Balbina y añadió otro delito: Atentar contra la seguridad interna del Estado.

¿Es que ya en este país no se podrá hablar más? ¿Es que las mujeres que denunciamos situaciones anómalas que van contra la moral y contra el patrimonio de nuestra Patria, nos van a mutilar, silenciándonos con casos judiciales armados? ¿O amenazarnos públicamente diciéndonos que ‘El que quiere rejo, solito lo anda buscando’?

¿Qué distancia media entre el rejo y el tiro, entre acallar la palabra y causarle daño personal al cronista y al que opina y disiente? La orden es la misma. Dada la una, los esbirros entienden la otra. Que no puedan balbucear más que amenazas y violencia, no nos debe sorprender. Que se atrevan a decirlo abiertamente, tampoco. Lo que sí debemos es quedar alertados de que la cultura mafiosa de lo político ha alcanzado ya un nivel dentro del PRD en que la impunidad y la impudicia son moneda de cambio corriente.

No fue suficiente con haber hecho perder a Balbina en las elecciones presidenciales del 2009. El exembajador William Eaton contó en un cable filtrado por Wikileaks que el propio Ricardo Martinelli le dijo en el 2008 que había logrado un acuerdo con Juan Carlos Navarro para hacer que perdiera Balbina a cambio de apoyarlo en el 2014. En otro cable, Javier Martínez Acha calificó a Navarro como ‘un político cínico’ y dijo que ‘si pierde Balbina, gana Navarro’.

El fiasco del desgobierno es tal que prominentes figuras que adversaban a Balbina, incluyendo dirigente de la Cruzada Civilista, han reconocido que el pueblo se equivocó al elegir a Martinelli porque a Balbina la hubiera controlado el PRD, pero Martinelli es un déspota sin control.

Ante el terreno perdido, como oposición debemos ampliar nuestra visión y organizarnos como sociedad civil y política, deponiendo nuestros egos, para defender hoy a Balbina, mañana a Mariano Mena y los compañeros sindicalistas objeto de persecución política, pasado mañana las tierras del área revertida que se las quieren robar.

En realidad los torrijistas estamos ante un parteaguas cultural: o la inmoralidad, el clientelismo, la corrupción, el autoritarismo y la política como instrumento personal de poder y riqueza, ¡u Omar Torrijos Herrera!

MIEMBRO DEL PRD.