25 de Sep de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Objetividad que da credibilidad

Los últimos acontecimientos que han sacudido al país, llaman a un análisis profundo de los eventos y actores sociales que influyen, de u...

Los últimos acontecimientos que han sacudido al país, llaman a un análisis profundo de los eventos y actores sociales que influyen, de una manera u otra, en el devenir político y social de Panamá. Ese análisis debe ser hecho con la objetividad como principio vital para obtener credibilidad. Ser objetivos nos permite reconocer los aciertos y errores que cometemos. Ver el mundo como es y no como creamos que sea.

Ayn Rand, filósofa rusa de principios de siglo pasado, señalaba que la realidad existe como un absoluto objetivo. Esto significa que los hechos son los hechos; las cosas son lo que son, independientemente de los sentimientos, deseos, esperanzas o miedos de los hombres. Y la tarea de la conciencia del hombre es percibir la realidad, no imaginarla ni inventarla.

Los seres humanos somos una compleja mezcla de sentimientos, raciocinios, experiencias y aprendizajes. Estos elementos pueden brindar a una persona una percepción equivocada de la realidad. Ello es más evidente en los temas políticos, donde el apasionamiento impide reconocer ciertos hechos de manera realista, o cuando esa percepción es inducida por los medios de comunicación social.

Mi padre, periodista, me decía que la objetividad me daría la credibilidad ante los ojos de los demás. Aquélla, a la hora de analizar problemas y situaciones, es la primera condición del buen liderazgo. Sin una visión objetiva de las cosas no se puede gobernar, impartir justicia o dirigir personas correctamente. Quien sea incapaz de adoptar una postura realista ante los hechos y situarse objetivamente ante ellos, difícilmente llegará a ser un buen dirigente. El sentido de la realidad es el rasgo distintivo de todo auténtico líder. No hay liderazgo justo sin sentido de la realidad.

Ser objetivo es un reto importante, porque exige de nosotros ver los problemas y las situaciones con un enfoque equilibrado de emoción y razonamiento. Esto, por supuesto, es complicado cuando las conclusiones se basan más en los sentimientos. Por ello, el valor de la objetividad es tan importante, porque nos permite dar su justo peso a los acontecimientos y actuar de manera consecuente.

Los eventos más impactantes del país han generado fuertes discusiones y enfrentamientos entre el gobierno actual, los partidos políticos y la sociedad civil. Las terribles inundaciones que afectaron regiones del país, sumado a las graves confrontaciones de San Félix, Bocas del Toro, Panamá y Colón, han sacado a flote problemas de vieja data y nuevos conflictos sociales.

La solución de los mismos y el logro del bien común exigen, tanto del gobierno como de la oposición y de todos los sectores involucrados, hacer un alto en sus posiciones particulares. Los ciudadanos demandan, como parte de sus aspiraciones, el derecho a la convivencia pacífica y al desarrollo económico y social.

El pueblo no quiere saber de discusiones interminables entre gobierno y oposición, que sólo dilatan las soluciones efectivas a los múltiples problemas que lo aqueja. Espera de la clase política del país, un comportamiento de altura, cónsono con la responsabilidad del cargo que ocupan, con propuestas constructivas y aportes significativos a los temas de actualidad.

Muchas de las situaciones que preocupan al panameño, siguen sin solución a la vista. El costo de la canasta básica, la seguridad ciudadana, el transporte urbano y la corrupción siguen allí latentes, agravándose, en lugar de mejorar.

La toma de decisiones por parte de los gobiernos debe estar basada en el análisis científico y acertado de la información, los datos y situaciones, para garantizar el éxito en el proceso. Cuando se analizan, se deben reconocer tanto los éxitos alcanzados, como también los desatinos cometidos.

Esa es la objetividad que garantiza la credibilidad de la clase política y del gobierno. Valores como la honestidad, integridad, tolerancia y respeto se convierten en elementos indispensables que contribuyen a mejorar el accionar político y social.

Uno de los errores que se cometen desde los gobiernos, es desconocer o minimizar los desaciertos de sus funcionarios. El combate a la corrupción y malas prácticas debe comenzar a lo interno del gobierno y dar el ejemplo hacia la ciudadanía.

Si bien es cierto el gobierno actual ha logrado altos niveles de desarrollo económico, dicho proceso no comenzó en el 2009. Es el resultado de acciones de los gobiernos anteriores que también hicieron esfuerzos y avances con políticas públicas para lograrlo. Expresar que en los gobiernos de los últimos 40 años no se hizo nada beneficioso para Panamá, no es ser objetivo ni creíble. No podemos desconocer los hechos y la historia del país.

Las soluciones o alternativas a los problemas que nos aquejan, deben partir de la consulta y del consenso general, tomando en cuenta las opiniones de aquellos que, aunque no coincidan necesariamente en sus posiciones políticas, su aporte sí es de relevancia para el desarrollo del país.

De igual manera, cuando se está en oposición, justo es reconocer los logros y avances de los gobiernos de turno, así como ponderar públicamente lo que ello significa para el beneficio del panameño. Ver solo fracasos y engaños en la acción gubernamental, ciertamente tampoco es objetivo ni creíble.

Cuando seamos objetivos, estaremos en el camino del pleno ejercicio de la democracia y tendremos la credibilidad que ella demanda. Los ciudadanos aspiramos a una vida sin tantos sobresaltos, con cordura y sensatez, en la búsqueda de remedios a las complicaciones del país, siendo parte de la solución, no del problema.

ABOGADO.