28 de Sep de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Quisiéramos terminar el año en paz

Los panameños somos felices o, al menos, estamos entre las personas ‘más felices’ del universo, según reveló una encuesta extranjera. Ha...

Los panameños somos felices o, al menos, estamos entre las personas ‘más felices’ del universo, según reveló una encuesta extranjera. Hay evidencias de actividades y progreso material que deberían traernos felicidad y se pretende convencernos de que jamás gobierno alguno en cuarenta años había hecho tantas cosas buenas para el pueblo. ¿Será que solamente esas cosas materiales son las que traerán felicidad a todos los panameños? Creo que faltan muchos otros ingredientes pero uno es esencial: la inestimable tranquilidad de ánimo que nos permita disfrutar las muchas bendiciones del Señor. A mi juicio, mucho depende de la conducta que asuma un presidente de la república, no debido a alguna virtud o defecto personalísimo que pueda repercutir para bien o mal en su círculo familiar íntimo o en sus actividades empresariales, sino debido a la majestad del insigne cargo que se le ha confiado temporalmente. Esa distinción hace que sus actitudes puedan influenciar las conductas de muchos ciudadanos, especialmente de los jóvenes en sus etapas de formación. En diciembre, época especialmente dedicada a mostrar la generosidad del ser humano, resulta apropiado enfatizar la necesidad de sembrar y difundir paz.

Temo que el 2012 —para algunos, período de mal agüero por ser bisiesto— ha sido especial en confrontaciones del Ejecutivo con el pueblo. Todas evitables o que pudieron resolverse de haberse atendido a tiempo. Comenzó el año en un ambiente agresivo cuando en la Asamblea Nacional, con cajas destempladas, el mandatario sorprendió al país con acusaciones indiscriminadas contra ‘empresaurios’ denunciados como evasores de impuestos, y contra medios de comunicación declarados chantajistas y amedrentadores. Palabras mayores que, en boca de quien las pronunció, sellaron el clima que castigó a la nación hasta hoy.

La violencia emocional y física continuó: choques, heridos y muertos en San Félix, Plaza 5 de Mayo, Colón; bochornos políticos en El Bebedero y transfuguismo de autoridades nacionales y municipales; quejas de amas de casa y agricultores por el costo de alimentos y por el abandono del agro; denuncias de corrupción oficial, la mayoría ignoradas; disputas públicas entre ministros; cierres de calles por falta de agua, inseguridad o irrespeto al medio ambiente; en fin, acontecimientos u omisiones nada halagadoras que han estresado al país a lo largo del año. No pueden darnos felicidad, como revelaría la encuesta, a pesar de todas las portentosas obras físicas.

Ninguno de esos hechos u omisiones ha sido creación de la oposición política ni invento de medios de comunicación. Están a ojos vista. Todos, previsibles y evitables. No hemos visto un gobierno que, para evitar choques, practique una política de consensos e invite a diálogos que puedan producir resultados constructivos concretos. Evidentemente no existe una estrategia de gobierno capaz de inspirar la imaginación ciudadana que pueda unir voluntades para crear una Patria Grande para orgullo y satisfacción de todos los panameños.

Por eso rogamos a Dios que al culminar este año bisiesto se abandone ese clima agresivo y no se renueve al inicio del próximo. Quisiéramos concluir el año en paz, aunque no haya sido año de paz. Quisiéramos que se selle en un tono positivo porque, ya de por sí, el nuevo año se vislumbra difícil para la familia panameña.

Ojalá el jefe del Ejecutivo deseche el espíritu agresivo de su discurso a principios de este año y también su política confrontacional hasta ahora. Lo cortés no quita lo valiente. Como mandatario puede hacerlo y hacerlo nos puede dar un respiro de felicidad.

Siendo esta mi última reflexión del año, aprovecho para desearle a todos mis lectores y a mis compatriotas: un Próspero Año 2013

EXDIPUTADA DE LA REPÚBLICA.