26 de Sep de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Mi país soñado

A sí como acontece en el seno familiar y en la intimidad personal, el inicio de un nuevo año es un momento especial para reflexionar sob...

A sí como acontece en el seno familiar y en la intimidad personal, el inicio de un nuevo año es un momento especial para reflexionar sobre lo que somos y lo que esperamos lograr como sociedad. Casi acostumbrados a pensar, en los últimos años, que el mundo en que vivimos es el que nos pintan de múltiples colores, con diversos matices, los medios y los anuncios publicitarios, muchas personas piensan que somos un país desarrollado y que estamos a un paso de pertenecer a la familia de los países del primer mundo. A esas naciones donde cada persona tiene satisfechas sus necesidades fundamentales (vivienda, alimentación, transporte, agua, electricidad), los niveles educativos y de salud son los más elevados, la convivencia humana es civilizada y de institucionalidad fuerte y respetada. Sin embargo, la realidad panameña es diferente, ya que el alto crecimiento económico y la opulencia, la marginalidad y la pobreza de miles de familias, coexisten con la violencia y el irrespeto a las normas esenciales de funcionamiento del Estado y la sociedad. Esto constituye uno de los rostros inaceptables de atraso y vergüenza de este país con mucho potencial que todos queremos.

Mis deseos para el año 2013 están relacionados con un cambio en ese modelo de sociedad, en el que exista el justo equilibrio entre prosperidad económica y equidad social. Que pensemos y actuemos en función de un proyecto nacional que considere a la gente como el centro de preocupaciones y del interés fundamental del Estado. Este proyecto de país permitirá a las personas vivir con dignidad y decoro, que la niñez y la juventud dispongan de las oportunidades de una buena educación que les ofrezca las competencias para vivir y trabajar en un mundo cambiante. Considera una formación educativa que desde el nacimiento logre desarrollar talentos y capacidades creativas para aprender a pensar, conocer, convivir, comprender su entorno, innovar, comunicarse adecuadamente, resolver situaciones complejas y emprender. También, que incluya las actitudes y valores que les permitan ejercer la ciudadanía activa y el trabajo productivo con responsabilidad, honestidad y solidaridad. Un proyecto enfocado a fomentar comunidades que cuenten con menos casinos y cantinas, pero con más bibliotecas, centros culturales, tecnológicos, recreativos y deportivos. Comunidades seguras donde se resalten los valores de la identidad nacional y del patrimonio ambiental, local, regional y mundial.

Una sociedad que hace de la ciencia, la tecnología y la innovación una tarea nacional importante en la producción, el progreso económico y el bienestar social de la población. Por ser importante, este país invierte sustancialmente en formar investigadores e infraestructura científica que tornen posible su desarrollo progresivo. Este deseo implica pensar en universidades innovadoras y emprendedoras, con programas de alcance a todos los segmentos de población. Centros que mejoran continuamente su desempeño, formadores de capital humano técnico y profesional de alto nivel, generadores de conocimientos nuevos y espacios de reflexión, debate y difusión sobre problemas que afectan la sociedad y los conocimientos nuevos para superarlos.

Un país orgulloso de sus tradiciones y su gente, que impulsa las expresiones culturales y el arte, reconoce a sus próceres, intelectuales, científicos y escritores. Que se consolida en su posición de convergencia étnica y cultural, donde se respeta la diversidad, la paz y la libertad. Una nación en la que prevalece la igualdad y la justicia social, erradica el ‘juega vivo’, los fueros y privilegios, donde todas las personas de todas las clases sociales, sexo, edad, religión, ideas políticas y capacidades humanas conviven en armonía, ejerciendo los derechos que les asisten. Esa sociedad a la que aspiramos gira en torno a la decencia, la transparencia, la equidad y los consensos políticos, que aseguran el equilibrio entre gobernantes y gobernados y entre las diferentes fuerzas socio-políticas del país. Se sustenta en eficientes políticas públicas de largo plazo, con un alcance de Estado y no solo del gobierno o el partido político de turno. Su derivación en planes y proyectos de efectiva ejecución en salud, educación, nutrición, justicia, seguridad humana, vivienda, economía y empleo donde funcionan mecanismos de protección en favor de los colectivos vulnerables y en riesgo social, y auténticos canales de movilidad social dentro de una generación y entre las diferentes generaciones de panameños. Para ello, la administración pública funciona de manera moderna y eficiente en favor de la gente. La gestión es de calidad, se sustenta en el mérito del servidor público, la planificación, la evaluación y la rendición de cuentas a la sociedad, con expresiva participación comunitaria y social. Los recursos del Estado llegan a todos y se utilizan con apego al rigor ético y legal indispensable.

Este proyecto también requerirá del apoyo de maestros y profesores con elevado reconocimiento social, profesional y salarial. Estas serán personalidades importantes para cambiar la sociedad, por su sólida formación, extraordinaria dedicación y creatividad. Son auténticos profesionales capaces de reflexionar, tomar decisiones sobre su práctica pedagógica y contar con métodos para elevar las expectativas, potenciar las inteligencias y generar cambios en las mentes de sus alumnos.

El país que todos deseamos será también robusto en su economía, generador de empleos decentes y bien remunerados. Acrecienta su capacidad productora y exportadora, impulsa la competitividad y la productividad mediante la formación y efectivo aprovechamiento de las capacidades humanas, así como de las aplicaciones del conocimiento y la innovación tecnológica. Su política económica guarda correspondencia con su política social, elimina la pobreza y la exclusión, reduce los costos de transacción, las finanzas públicas son sanas, combate la corrupción, aumenta la capacidad negociadora y la construcción de confianza entre los actores sociales —públicos y privados— con vista a afianzar la cohesión social.

Este país ocupa un lugar de respeto y autodeterminación en la comunidad internacional, es solidario con las naciones más débiles y coopera en edificar un mundo cada vez más justo y seguro. Su política internacional se fundamenta en los tratados suscritos y rescata la esencia de su papel histórico de neutralidad.

Este es mi país soñado, una diminuta visión de la esperanza, de lo que somos capaces de construir y realizar desde los particulares espacios políticos y sociales que ocupamos. Una Nación que hoy nos demanda a todos, un cambio de rumbo, antes que la improvisación, la polarización y el individualismo marquen la ruta que impida lograr la sociedad de todos.

DOCENTE UNIVERSITARIO, EXMINISTRO DE EDUCACIÓN.