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04 de Dec de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Semana Santa en San Martín

El aire puro de la campiña interiorana, sus campos soleados y la pureza de su gente engalana esta parte del Panamá interiorano, a la que...

El aire puro de la campiña interiorana, sus campos soleados y la pureza de su gente engalana esta parte del Panamá interiorano, a la que se llega sin cruzar el Puente de las Américas: el este de nuestra principal provincia. Uno de sus corregimientos, San Martín, montañoso y fresco, acoge a una de las poblaciones más alegres y cristianas con las que me he topado.

Mi primera visita al área ocurrió en 1964, hace 49 años, cuando en la campaña política de ese año nos tocó vigilar las mesas en Carriazo y Juan Gil. Su fervor religioso y su recogimiento refleja el trabajo evangelizador silencioso que la Iglesia Católica ha hecho desde los tiempos de monseñor McGrath en eso que el papa Francisco llama la periferia de nuestras ciudades. A través de los escasos sacerdotes que hay en nuestro país, pero gracias a los cada vez más diáconos y aspirantes que se van preparando en nuestra tierra, el Evangelio logra difundirse por estas tierras, desconocidas por muchos panameños, pero genuinamente representativas de nuestra campiña.

La pasada Semana Santa, igual lo hice años atrás en la población de Mata Ahogado, cerca de El Valle de Antón, pero en el distrito de San Carlos, acompañé al diácono Víctor Berrío a la celebración de la Semana Mayor en la Mesa de San Martín, uno de los diecinueve corregimientos de la provincia de Panamá. Víctor, ingeniero de profesión y director nacional de Caritas Arquidiocesana, tiene trece años de servir en poblaciones de Panamá y se conoce a todos los feligreses. Unos lo llaman párroco, otros los llaman el señor diácono o padre, pero para Víctor esto no importa: su labor es servir a Dios en esta especial capacidad para lo cual se preparó teológicamente y que ejerce con el total apoyo de su esposa, hijos y nietos.

Lo que viví el Jueves, el Viernes y el Sábado Santo me llenó de regocijo y entusiasmo. Una población devota, donde los jóvenes se disputan el servir de alguna forma los oficios de los días santos; donde entonan himnos y canciones religiosas para mí desconocidas, pero con una maestría de coros, muy bien adiestrados, donde la participación de todos, mujeres más que todo, hombres, jóvenes y niños resultó impresionante.

Me llamó la atención una niña de 11 años de nombre Abigail, que con una facilidad casi profesional entonó los tres días los salmos. Sé que en las otras cinco capillas del corregimiento también se dieron oficios religiosos que, al igual que en La Mesa, fueron impartidos por sacerdotes, diáconos y aspirantes.

Impresionó la inexistencia de tomadores y bares abiertos en ninguno de los tres días, lo cual interpreté como señal de respeto por el acontecimiento que se celebraba.

Ojalá que la generosidad de los católicos panameños y de aquellos que, sin serlo, apoyan sus obras se manifiesten positivamente en la próxima Campaña Arquidiocesana de recolección de fondos para que esta silenciosa, pero provechosa, difusión del Evangelio se multiplique para el bienestar de tantos que necesitan escuchar la Palabra de Dios para encontrar mejores opciones de vida y nutrirse de más esperanza.

ABOGADO, CATÓLICO PRACTICANTE.