18 de Ago de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

La lectura y la redacción periodística

Una de las herramientas fundamentales para el desarrollo del oficio periodístico es la amplia y rica expresión escrita, que posibilita l...

Una de las herramientas fundamentales para el desarrollo del oficio periodístico es la amplia y rica expresión escrita, que posibilita la comunicación precisa de las circunstancias en que se producen los hechos informativos y brinda al público las ideas básicas que le posibilitan forjarse una imagen correcta de los sucesos.

¿Cómo se adquiere la destreza para redactar los diferentes géneros periodísticos y alcanzar una forma de comunicación comprensible, sencilla, clara y eficaz? Para algunos es una tarea que nunca termina; pero también existe la convicción de que tiene un comienzo arduo, sobre todo si el profesional surge de un ambiente en que poco espacio tiene este aspecto de la cultura.

¿Nace una persona con capacidades de crear textos adecuados para dar base a este tipo de lenguaje tan especializado? Evidentemente que como en otras actividades o ‘artes’, depende del hogar, y ciertas condiciones coyunturales. Además de una formación académica donde el aspecto de la redacción tenga una importancia tal, que resalte el trabajo con el enfoque adecuado para los múltiples casos en que se vea envuelto.

Uno de los primeros pasos y quizás, el básico para adquirir el léxico, es la lectura. Quien vaya a escribir, requiere escuchar, mirar textos y por tanto leer. La narración literaria contiene muchos giros, detalles, ‘pintura’ de personajes y acciones que posteriormente serán indispensables para la descripción y explicación de diferentes situaciones.

La lectura se convierte también en una estrategia para familiarizarse con la forma de utilizar determinadas expresiones, frases y además establecer las diferencias en usos de palabras homófonas, sinónimas y estar al tanto, por ejemplo, de la manera como se aplica el acento diacrítico que marca la diferencia entre términos que se escriben igual y cuando solo el empleo cotidiano hace posible discernir las variaciones de sentido.

De cualquier modo, esta práctica, afirma una importante organización especializada, ‘actuará como un fenómeno que nos permite alentar la imaginación, crear nuevos mundos en nuestras mentes, reflexionar sobre ideas o conceptos abstractos, entrar en contacto con el idioma o con otros, mejorar la ortografía, conocer más sobre otras realidades’, entre un sinfín de particularidades.

En el desarrollo de sus capacidades, el periodista requiere, por ejemplo, una gran fuerza creativa, que debe en ocasiones ponerse en juego de manera inmediata a la ocurrencia de un fenómeno. Es obligante el estímulo de esta característica que tiene su origen en la posibilidad de aplicar conceptualmente algo conocido a una nueva realidad. Este desempeño, lo facilita la lectura.

Por eso, afirma el ente ya citado, que ‘la creatividad se basa siempre en una idea abstracta y no concreta que puede estar inspirada por cosas, objetos o situaciones ya existentes’. ¿Cómo puede comprenderse la personalidad de un individuo que protagoniza o es partícipe de un hecho violento y que puede actuar como fuente, sin haber leído a autores como Dostoievski, Dumas o Carpentier?

O imaginarse reproducir una escena socioeconómica sin influencias de los textos de Balzac, Vargas Llosa y los versos de Cardenal o la prosa de los uruguayos Benedetti y Galeano.

¿Puede escribirse sobre hechos judiciales, sin una lectura de Agatha Christie, Simenon o Poe, así como los autores de la novela negra Chandler, Hammett o Cain?

¿Es posible crear crónicas periodísticas y no haber viajado con Stevenson, Conrad o Verne? ¿O entrar en la introspección humana con un desconocimiento de los trágicos griegos o el teatro de García Lorca?

Al leer se desarrollan algunas dinámicas mentales como la anticipación, la predicción, la inferencia, el muestreo, la confirmación; así como la autoevaluación y la ‘autocorrección’, que son ejercicios que desarrolla el individuo cuando se interna en los senderos de la escritura y conforma un microcosmos imaginario.

Un amplio dominio de la lengua escrita es una garantía de comprensión de las complejas relaciones que se producen en las comunicaciones contemporáneas y por tanto, en todos los escenarios profesionales en que se vea involucrado el periodista.

Por lo que su formación debe atender a un fortalecimiento de destrezas en la redacción para asegurar el futuro desempeño profesional, donde se requiere una versatilidad expresiva.

Esto pondría a los periodistas en ventaja con relación a otros profesionales; por ejemplo, ciertas ramas de las ciencias sociales y hasta de ciencias exactas, que se introducen en las prácticas periodísticas por afinidad o intereses particulares.

Además, el periodista estaría en situación de asumir un papel preponderante en proyectos en nuevas áreas de trabajo que surjan como es el caso del desarrollo sostenible, la revolución informática, la producción de programas audiovisuales que requieren de la redacción de guiones y el propio surgimiento de nuevos modelos de comunicación alternativa.

La manera de introducirse a estos campos sería a través de la lectura, incluso con el aprovechamiento de las nuevas tecnologías y la multiplicidad de materiales que cada día y momento, aparecen en las redes sociales, en blogs y otros espacios amplios o restringidos, donde debe cuidarse la estructura que en ocasiones vulnera la buena redacción y la destreza en el armado de las notas periodísticas.

La práctica de leer, consultar escritos a menudo, brinda un panorama a un mundo más amplio, pone a volar la imaginación, nos ubica en un asiento del avión de Saint-Exupéry, el autor de El principito, y profundiza la capacidad de redacción adecuada para cumplir con el oficio periodístico con una eficiencia cónsona con las necesidades de comunicación que la modernidad exige.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.