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04 de Jul de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Respetar opiniones, contribuye al diálogo

Un valor fundamental que implica el respeto hacia ideas, creencias o prácticas cuando son diferentes o contrarias a las nuestras, es la ...

Un valor fundamental que implica el respeto hacia ideas, creencias o prácticas cuando son diferentes o contrarias a las nuestras, es la tolerancia. La tolerancia significa la capacidad de aceptar a diferentes personas o grupos, tal y como son, escuchando y aceptando sus formas de pensamiento o de valoración, aún cuando mis ideas y valores sean distintos a los suyos. Lamentablemente, no todos los individuos son capaces de ser tolerantes, a pesar de que esto permite la coexistencia pacífica en sociedad.

La tolerancia en sus aspectos negativos, permite la desprotección, discriminación, esclavitud e injusticia, ante situaciones que no debemos permitir, porque afecta la paz, la libertad, la comunicación, el diálogo abierto y sincero y, sobre todo, una agradable camaradería tan necesaria en todos los ambientes sociales, profesionales e institucionales.

Para lograr efectos positivos, debemos contar con un nivel de conducta social bien arraigado, producto de buenos valores inculcados desde el hogar y reforzados en el colegio. Entre más educados somos, más podemos practicar la tolerancia, ya que la educación se considera la ruta obligada hacia ella.

El progreso en las distintas ciencias y áreas de conocimiento, como en las leyes y costumbres solo puede desarrollarse en un marco adecuado de respeto y proliferación de ideas divergentes, que permitan el intercambio de ideas entre las personas, tanto en forma individual como colectiva.

Tomar en cuenta a todos los actores sociales en un entorno social, laboral o familiar, que tengan actividades o intereses comunes, es actuar con liderazgo inteligente y eficaz, en el complejo manejo de las relaciones humanas. Dar participación a otros, escuchar sus opiniones o aceptar sus razones en un momento determinado, no es sinónimo de pérdida de liderazgo ni mucho menos, por el contrario, se le considera una persona ecuánime, coherente, tolerante y respetuosa hacia los demás, que proyecta y facilita el diálogo respetuoso entre colegas, colaboradores, amistades y personas en general.

Tolerancia no es conceder la razón de inmediato porque sí, ni tampoco es adoptar una actitud de indiferencia. No implica dar la razón a una idea que consideramos errónea o equivocada, o hasta quizás, mal sustentada, ya que estaríamos validándola como buena o valiosa, y en el fondo puede no ser así.

Si por simple aplicación, tendemos a respetar la opinión errónea de otros, solo por educación, caeríamos en una modalidad difícil de aceptar y defender. Por ello, cuando una persona expresa una opinión errónea en un foro, oficina, hogar o reunión, se convierte en un dilema para los demás que participan de dicha intervención, idea u opinión, ya que los lleva a pensar si la corrigen o le hacen ver su error.

En este caso, cuando se decide aclarar el error de alguien, las partes involucradas deben aplicar acciones de buen trato, urbanidad, sustentación lógica y razonamiento claro, incluyendo un grado de prudencia o hasta de abstención de ciertos comentarios, para evitar efectos contrarios que perjudiquen el diálogo.

Para ser tolerante es necesario conocer a las personas con las que nos relacionamos, antes de proceder a actuar con poco o nulo conocimiento sobre ellas. Es fundamental el respeto mutuo y partir de acciones encaminadas al bien común y no al bien particular.

Debemos tratar de desarrollar una convivencia armónica, sin que nuestro entorno se convierta en zona de guerra o de ‘no me importa’, sino por el contrario, un lugar idóneo para que fluyan las ideas, el consenso y la libre disposición de hacer las cosas bien a favor de terceros, sin afectarnos lo propio.

ABOGADA Y ROTARIA.

—CAMPAÑA DE LA COMISIÓN DE VALORES DEL CLUB ROTARIO DE PANAMÁ.