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19 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Dios, el papa y el ser humano

Creo que el papa Francisco le acaba de ‘sacar la tabla’ a un montón de gente; pero antes de seguir por allí, permítanme contextualizar e...

Creo que el papa Francisco le acaba de ‘sacar la tabla’ a un montón de gente; pero antes de seguir por allí, permítanme contextualizar el tema desde mi particular punto de vista. Las religiones me despiertan incontables dudas desde varios puntos de vista, particularmente, desde el punto de vista de las creencias fundamentadas en la Fe. Pero más puntualmente, dudas; enormes dudas y cuestionamientos sobre las instituciones rectoras y la organización misma de la iglesia.

Nací y me desarrollé en el calor de una amorosa familia que cree en Dios. Crecí en el seno de la Iglesia Católica Apostólica (Anglicana Episcopal). Respeto con la más profunda humildad las creencias religiosas de todas las personas, de todas las religiones. Andy Rooney, fallecido periodista de la cadena de televisión CBS y del renombrado programa 60 Minutes, después de innumerables controversias sobre su posición ateísta, hizo el intento por darle sostén a su pensamiento señalando que: ‘Sería estúpido para cualquiera asegurar que Dios existe; igualmente sería estúpido para cualquiera asegurar que Dios no existe. La realidad es que... no sabemos’. (‘The truth is, we don’t know’).

Para los que se toman el tiempo de estudiar históricamente la sumisión del ser humano en cuanto a la cuestión de Dios, o un Ser Supremo, encontrará una diversidad de condiciones; unas mejor estructuradas que otras; con seriedad, ligereza o con el fin de embaucar. Ya en mi columna del 30 de mayo de 2011 —Otra vez el fin del Mundo— detallo la intención de algunos bribones religiosos que, a lo largo de los tiempos, han tenido la capacidad de controlar a grandes sectores de la población y aprovecharse de ellos, bajo los argumentos más irrisorios y protervos sobre un ser supremo.

Señalé que ‘... la humanidad ha vivido eternamente con adivinos, pitonisas y clarividentes, la mayoría fundamentados en textos y enunciados religiosos formulados siglos atrás, según estos, por un ser divino o supremo. Chales Wesley, fundador de la Iglesia Metodista predijo que el mundo acabaría en el año 1794. Su hermano John posteriormente hizo su propia predicción señalando que 1836 sería en año en que ‘la Gran Bestia vendría a la tierra, marcando el inicio del fin’.

Con base en las profecías del libro de Daniel en la Biblia, William Miller predijo, inicialmente, el regreso de Jesucristo entre los años 1831 y 1841. Reajustó sus vaticinios varias veces hasta que murió en 1849. Sus seguidores se convirtieron en lo que son hoy Los Adventistas del Séptimo Día y sostienen que las predicciones fueron correctas, pero que se referían a un evento que sucedería en el Cielo, no en la Tierra’.

Si nos tomáramos el tiempo de estudiar las opiniones de investigadores o historiadores (no los religiosos, los académicos), en el tema de la Fe religiosa, la Iglesia Católica, la Biblia y demás representaciones omnipotentes, y lo incluyéramos entre nuestras íntimas apreciaciones sobre el tema, probablemente podríamos ver el mundo y la condición humana desde otra perspectiva.

¿Por qué todo esto es importante? Volviendo al tema de la primera línea de este escrito, e independientemente de lo que suceda de ahora en adelante, hay que poner las cosas en perspectiva, precisamente para que podamos ver y respetar la condición humana, desde otras, o muchas nuevas perspectivas.

El Pew Reserch Center lista al cristianismo, en sus diversas representaciones en cerca de 2.1 mil millones de seguidores alrededor del mundo; es decir, un tercio de la población mundial. Los otros dos tercios tienen otras creencias o no creen en divinidades. El World Christian Database, dice que: ‘Latinoamérica representa 483 millones de católicos. De los 10 países del mundo con más católicos, cuatro se encuentran en América Latina. Brasil tiene la población católica más alta de cualquier país. Italia tiene el mayor número de católicos en Europa con 57 millones, mientras que la RD del Congo tiene la mayor población católica en África con casi 36 millones’.

A lo largo de estos años, apoyado en los designios de la Fe Cristiana y sustentados por la Biblia, hemos visto la más cruda campaña mediante todos los medios necesarios, incluyendo el púlpito dominical, en donde con virulencia y maldad, se condena y descalifica a otros seres humanos por sus opiniones sobre las relaciones humanas y por sus preferencias sexuales.

La semana pasada, el recién inaugurado papa Francisco, mandó un mensaje a los católicos. Dijo a su entrevistador, padre Spadaro que: ‘Una persona me preguntó una vez, de una manera provocativa, si he aprobado la homosexualidad’... Yo le respondí con otra pregunta: ‘Dime: cuándo Dios mira a una persona homosexual, ¿aprueba la existencia de esta persona con el amor o rechaza y condena a esta persona? Debemos tener siempre en cuenta a la persona’. (...) ‘... el edificio moral de la Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes, (...) La propuesta evangélica debe ser más sencilla, más profunda e irradiante. Solo de esta propuesta surgen luego las consecuencias morales’.

Independientemente de todas las otras teorizaciones filosóficas sobre el papel de la Iglesia, el Evangelio y el futuro del Catolicismo, el enunciado ha dejado a la intemperie a muchos que sustentaban sus propias desviaciones de odio contra otros seres humanos sin la argumentación teológico-institucional que los sostenía. Con o sin Dios, sus bajezas personales deben asumirlas como propias y vivir con ellas. Se trata de respetar al ser humano.

COMUNICADOR SOCIAL.