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18 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

El incremento de la violencia contra mujeres

En los últimos años ha habido un alarmante aumento de violencia masculina en contra de las mujeres, de todas las edades y niveles económ...

En los últimos años ha habido un alarmante aumento de violencia masculina en contra de las mujeres, de todas las edades y niveles económicos, pero sobre todo, femicidios de mujeres entre los 21 y 30 años, la mayoría de las cuales dejan huérfanos menores de edad. Este problema mundial de salud pública ha tenido un incremento cuantitativo, acompañado de un alto índice de impunidad, mayor ensañamiento y crueldad y nuevas formas novedosas en su forma de realización y consecuencias. En reconocimiento de este problema, el secretario general de las Naciones Unidas lanzó la campaña global ‘Únete para poner fin a la violencia contra las mujeres’, que en 2009 se puso en marcha en América Latina con tres pilares: Alto a la Impunidad; Ni Una Muerta Más; y La Responsabilidad es de Todas y Todos.

La violencia masculina contra la mujer cambia continuamente, reflejando el contexto social, por lo que los Estados deben estar al día en la legislación y políticas públicas para enfrentar estas nuevas formas de violencia a medida que surgen. Centroamérica es una de las regiones más violentas. Según la ONU, 14 países de la región se encuentran entre los 25 países con mayor tasa de femicidio en el mundo, El Salvador a la cabeza, seguido por Guatemala y Honduras.

En Centroamérica dos de cada tres mujeres asesinadas mueren por cuestiones de género y cada vez con más crueldad. El 80 % de las víctimas de trata son mujeres y generalmente las redes quedan impunes. En los casos de mujeres y niñas desaparecidas, no hay una investigación pronta y expedita. Las autoridades inician las investigaciones 72 horas después de que hayan desaparecido, a pesar de que se sabe que las primeras horas son fundamentales. Las desapariciones generalmente desembocan en tortura, violación, trata y femicidio. Ni los tratados, ni los sistemas de justicia, ni las leyes, van al ritmo de los grupos delincuenciales, que cada día actualizan su forma de operar.

En Panamá, estamos atrasados en cuanto al cumplimiento de nuestras obligaciones establecidas en la Convención para la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y la Convención Interamericana Belen Do Pará. Las organizaciones panameñas de mujeres venimos luchando desde el 2009 por la tipificación del femicidio y sobre todo por una ley integral contra la violencia, que se da en muchas formas y puede llegar al Femicidio, la consecuencia final y más grave del uso continuado de discriminación y violencia hacia mujeres y niñas.

Por fin, el 18 de septiembre de este año 2013, se logró que la actual procuradora presentara esta ley integral al pleno de la Asamblea Nacional y será debatida próximamente.

La violencia machista no es causada por la guerra, porque se da en los países en paz. No es causada por el crimen organizado, porque no es el único autor. No es causada por el alcohol, porque se da en países donde se prohíbe beber alcohol. No es causada por la pobreza, porque se da en países ricos y en países pobres, en familias ricas y familias pobres. No se debe a la ignorancia, porque la sufren esposas e hijas de renombrados políticos, presidentes, diputados, universitarios, ministros, literatos, científicos y profesionales.

Sigue habiendo resistencia a reconocer el femicidio. Se le da mucho más importancia a los asesinatos por terrorismo en el mundo que a los femicidios. Y aún quedan numerosas formas de violencia, que en gran medida no están documentadas. ¿Cómo podríamos explicar este fenómeno?

Su origen está en el patriarcado y la dominación masculina y subordinación femenina, que han sido construidos socialmente. Es necesario cambiar este paradigma, y la respuesta tiene que ser global.

Para Miguel Lorente, el femicidio existe donde hay mayor protagonismo y autonomía de las mujeres y donde exista más impunidad. A medida que aumenta el poder de las mujeres, éste es contestado colectivamente por los hombres con nuevas formas de violencia, con el fin de que las mujeres regresen al ámbito privado y se olviden de lo público. La violencia es un medio para perpetuar la subordinación de las mujeres. Se naturalizan las desigualdades y se confieren derechos sexuales al hombre, se protege la familia y el hogar, que se valora como algo sagrado, por encima de los derechos de la mujer (familismo).

Cuando el Estado no sanciona a los agresores, la impunidad intensifica la subordinación y la impotencia de las víctimas. El mensaje: agredir a una mujer es aceptable e inevitable. El resultado es que el comportamiento violento se normaliza. En nuestra región todavía tenemos ideologías ‘macondianas’, donde se protege e imponen supuestos valores y costumbres que encubren un trasfondo patriarcal y tradiciones y los valores religiosos se utilizan para justificar la violencia contra la mujer. Abundan todavía los crímenes cometidos en nombre del honor y las penas discriminatorias impuestas en virtud de leyes de inspiración religiosa, con raíces en la moral tradicional católica. Las mujeres que cuestionen normas tradicionales y religiosas son condenadas.

Enhorabuena, señora procuradora, por haber comprendido esta realidad y haber tomado acción.

ABOGADA.