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09 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Los años de peregrinación del chico sin color

‘Quizá en mi interior haya algo torcido, fallido’, pensó Tsukuru. ‘Como dijo Shiro, es posible que tenga una cara insospechada para quie...

‘Quizá en mi interior haya algo torcido, fallido’, pensó Tsukuru. ‘Como dijo Shiro, es posible que tenga una cara insospechada para quien conoce mi otra cara. Como la cara oculta de la luna, siempre entre tinieblas. Quizá sin haberme dado cuenta, en otro lugar, en un tiempo que no es el lineal, violé de verdad a Shiro, hice trizas su corazón. La forcé, de manera’ ‘Quizá mi reverso oscuro acabó sobreponiéndose al claro y lo engulló’.

Tsuruku Tazaki intentó suicidarse a los veinte años, estaba perturbado, sus cuatro amigos lo rechazaron. Se alimentaba de esa amistad. Los cinco formaban un pentágono. Intentaban preservar una unión armónica cuando estaban juntos.

Sus apellidos incluían color, provenían de familias de clase media alta.

Akamatsu: (Aka - rojo) alumno aventajado. Homosexual, dirige servicios de formación empresarial. Oumi (Ao - azul) deportista, atolondrado, tenía una constitución física envidiable, terminó vendiendo Lexus. Shirani (Shiro - blanco) alta, esbelta, parecía modelo, facciones delicadas, bella, amaba los animales, profesora de piano, solía tocar Le mal du pays de Liszt. Acusó de violación a Tsuruku, insistía en que la había drogado y abusado. Shiro vio cómo se transformaba el amigo amable, en un ser perverso. Vio su lado oscuro. Seria e introvertida. Empezó a perder brillo, apagada, tocaba constantemente Träumerei de Schumann. Padeció un desequilibrio emocional. Murió estrangulada en su casa. ‘Quizá la había estrangulado porque ella lo deseaba. Quizá él había escuchado ese deseo a través de aquellas sombras conectadas entre sí’.

Kurono (Kuro - negro) amaba la literatura, entró de lleno en la cerámica, se casó con un finlandés, fueron a vivir a Helsinki. De tanto cuidar a Shirani, había quedado exhausta. Abandonó a su amiga para protegerse de ella misma. Tsuruku ajeno a los colores, era el chico sin color. Los demás se llamaban por sus respectivos colores. Guapo, educado, proporcionaba estabilidad al grupo. Sin él se deshizo.

Coincidieron en actividades de voluntariado. Daban clases de refuerzo a niños de primaria desmotivados, con trastornos de aprendizaje.

En el segundo año de estudios en Tokio, durante las vacaciones, sus amigos lo repudiaron. No le dieron explicaciones, fueron crueles. Se preguntaba por qué lo despreciaron. Pero en su fuero interno él sabía. Tsuruku tenía una baja autoestima.

‘Se imaginó a sí mismo llamando con los nudillos a la puerta del apartamento de Yuzu y diciendo: ‘¿Me abres? Tengo que hablar contigo, es muy importante. He venido a Hamamatsu solo para eso. No me llevará mucho tiempo. Ábreme. Siento haberme presentado sin avisar, pero si lo hubiera hecho quizá no habrías querido verme’. Tras un instante de vacilación, sin contestar nada, Yuzu descorría la cadena de la puerta. En su mano derecha, metida en el bolsillo, Tsukuru apretaba con fuerza un cordón’.

Tuvo un sueño extraño, le consumían celos horribles. Su aspecto físico cambió, hizo amistad con un chico más joven, Fumiaki, se reunían a escuchar Le mal du pays de Franz Litz, parte de Los años de peregrinación, sentía una tristeza serena.

Amaba los trenes, pasaba horas observándolos. Estudió diseño, construcción y mantenimiento de estaciones de trenes. En Tokio llevaba una vida tranquila, ordenada, laboraba en una empresa ferroviaria.

Sara, su amiga, le aconseja que averigüe qué motivó al grupo abandonarlo.

‘Aunque podamos ocultar los recuerdos, no podemos borrar la Historia’.

Heredó de su padre un cómodo apartamento, una cuantiosa cantidad de dinero.

En la vida hay cosas demasiado complicadas para explicarlas en cualquier idioma.

Decide visitar sorpresivamente a Kuro en Finlandia. Comprendió que los corazones humanos se unen con dolor, en un intenso sentimiento de pérdida.

Despertó en medio de un sueño, donde lo real y lo irreal se mezclan furtivamente. Transcurría en un plano diferente de la realidad. Convergen universos paralelos, como si dos dimensiones temporales distintas se hubieran fundido. Fumiaki se esfumó de su vida. Le quedaron de él Los años de peregrinación interpretados por Lazar Bergman, el recuerdo de su amistad.

Encontraron unos sextos dedos amputados en un vagón, malformación polidactilia. En la Edad Media quemaban las personas que nacían con seis dedos, acusados de brujería.

PSICÓLOGA, ESCRITORA Y DOCENTE UNIVERSITARIA.