• 18/10/2025 00:00

Una mirada arquitectónica en el David de ayer

David, la capital de la provincia de Chiriquí, ha sido testigo de importantes transformaciones a lo largo de su historia. Desde sus inicios en el siglo XIX, esta ciudad se caracterizó por un estilo arquitectónico que reflejaba su identidad cultural, social y económica. Del mismo modo, el presente escrito busca ofrecer una breve mirada al David que se perdió, a través de referencias que sustentan la importancia de aquellas arquitecturas que marcaron su historia desde el siglo XVIII hasta mediados del XX, sus características, su desaparición y la relevancia de preservar lo que aún queda como testimonio de un pasado próspero en identidad y cultura.

La arquitectura de David: Un reflejo de su época

A mediados del siglo XIX, David era una ciudad en crecimiento que comenzaba a consolidarse como un centro económico y comercial clave en la región occidental de Panamá. En esta época, la arquitectura de las residencias davideñas se caracterizaba por rasgos arquitectónicos preurbanos, heredados de los estilos de construcción desarrollados durante el período colonial por los primeros albañiles españoles y criollos que se asentaron en Santiago de Alanje. Por lo tanto, estos tipos de construcciones respondían a la necesidad de adaptarse al clima tropical y a los materiales disponibles en la zona.

De acuerdo con la revisión de una serie de documentos notariales de la época, así como una breve observación documental, fue posible apreciar no solo los cambios urbanos que atravesaba la ciudad, sino también comprender que existieron distintas modalidades de construcción en las viviendas del Casco Viejo de David (hoy Barrio Bolívar). Entre las principales descripciones, podemos citar las siguientes:

Alrededor del año 1909, el Dr. Eusebio Morales visitó la ciudad de David en su calidad de secretario de Estado en el Despacho de Instrucción Pública, con el propósito de gestionar un contrato de compraventa con el Sr. David Delvalle Henríquez Jr. El objetivo era adquirir un inmueble para la habilitación de salones de clases, debido a la falta de escuelas en el distrito Escolar de David. Entre las disposiciones legales se exponen:

“La casa ubicada en la esquina de Giradot y Doleguita-Mide (18m.50cm) de frente por (18m. 40cm) de fondo con una altura de 13 pies del piso al cielo raso-Dividida en ocho departamentos-Es de madera sobre basas de concreto y cal y canto-Las maderas pilares y cuadro son de “María” el forro y las puertas son de pino colorado, los entrepaños i tabiques y los cielos rasos de pinotea-El techo es de tejas”. (1909: ff.364).

Esto evidencia los materiales más utilizados en la construcción de viviendas, donde predominaba la madera, en particular la caña brava y el mangle, sostenidas por horcones de níspero. Los muros de las paredes se construían con base de adobe y quincha, cuyo grosor oscilaba entre 50 y 55 centímetros, elementos clave para mitigar el calor del trópico. El piso, en algunos casos, era de tierra pesada y aplanada, aunque en ciertas viviendas se utilizaba cemento romano.

Estas casas, de uno o dos niveles, eran el hogar de familias prominentes. Entre los grandes íconos arquitectónicos del período neogranadino destaca la Casa Obaldía, perteneciente a José de Obaldía Orejuela, presidente de la Nueva Granada en varias ocasiones, y la Casa Gallegos, datada en el siglo XVIII. Ambos inmuebles representan los últimos vestigios de la arquitectura regional con estilo hispano-neoclásico, reflejando una mezcla de tradiciones locales e influencias españolas. No obstante, en la actualidad, estas edificaciones históricas se encuentran en estado de deterioro, estando a la espera de una debida rehabilitación que permita de alguna manera lograr retomar las puertas de lo que algún momento la población davideña lo conoció como el Museo de Historia y Arte José Obaldía Gallegos.

Fue eminente el acelerado desarrollo urbano, el incremento poblacional y la necesidad de adaptarse a una economía en constante cambio fueron factores determinantes en la transformación de la ciudad. Sin embargo, la modernización no siempre respetó los valores históricos y culturales de la arquitectura de David, lo que llevó a la demolición de importantes estructuras para dar paso a construcciones funcionales, pero desprovistas de identidad.

En una carta fechada en 1933, emitida por Jacinta de Herrera y Emma de Lambert y dirigida a Doña Rosario Guardia de Arias, se menciona el estado de una vivienda, expresando: “Existe aquí en David una casa de propiedad de Instrucción Pública, situada al Este de la Avenida B. Norte, va a ser derruida por orden del Señor Gobernador y del Señor Inspector de Instrucción Pública-han tomado esta resolución en vista de que la casa amenaza desplomarse-Sociedad Señoras de la Caridad se compromete a hacer las reparaciones más urgentes para evitar que la casa se caiga y seguir mejorando la propiedad a medida que los fondos así lo permitan”. Si bien es cierto que la pérdida de identidad arquitectónica debilita el sentido de pertenencia y dificulta la promoción del turismo cultural —un sector que podría contribuir significativamente al desarrollo económico de la ciudad—, es fundamental proteger el patrimonio cultural para que el David del futuro no olvide el legado de quienes construyeron la ciudad que conocemos hoy.

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