La jefa de gabinete del MEF defiende la urgencia del proyecto de ley de sustancia económica. Explica cómo esta normativa busca modernizar el sistema fiscal...
- 14/10/2024 14:36
La ciudad de Panamá fue diseñada para moverse sobre ruedas.
Durante décadas, el automóvil dominó la planificación urbana: calles más amplias, corredores viales, estacionamientos improvisados y proyectos enfocados en agilizar el tráfico vehicular. Mientras tanto, el peatón quedó relegado a un segundo plano.
Hoy, en medio del aumento del combustible provocado por el conflicto en Oriente Medio, esa realidad comienza a pasar factura.
El avance de las tensiones entre Irán, Israel y Estados Unidos —en una de las regiones petroleras más importantes del mundo— ha generado un incremento sostenido en el precio internacional del petróleo. El virtual cierre del Estrecho de Ormuz, clave para el suministro energético global, mantiene la presión sobre el mercado y ya golpea directamente el bolsillo de los panameños.
Entre el 15 y el 29 de mayo de 2026, los precios de la gasolina en Panamá aumentaron nuevamente. La gasolina de 95 octanos ronda los $1.36 por litro y supera los cinco dólares por galón en algunas zonas del país, mientras el diésel también registra incrementos cercanos a $1.32 por litro.
En respuesta, muchos ciudadanos aseguran haber reducido el uso de sus autos particulares para ahorrar dinero, optando por caminar más o utilizar con mayor frecuencia el Metro y los buses.
Sin embargo, al salir a la calle aparece otro problema: Panamá sigue sin estar preparada para caminarse.
“La movilidad peatonal en Panamá es bastante deficiente”
El arquitecto David Tapia, director de Planificación Urbana de la Alcaldía de Panamá, reconoce que la ciudad enfrenta graves deficiencias en movilidad peatonal.
“Definitivamente la movilidad peatonal en Panamá es bastante deficiente”, afirmó en entrevista para La Estrella de Panamá.
Para Tapia, el problema nace desde la forma en que se construyó la ciudad.
“Hemos tenido una historia de desarrollar proyectos urbanos enfocados más en la circulación de autos particulares”, explicó. “Planificamos una ciudad que al final no responde a la realidad”.
El urbanista sostiene que Panamá priorizó durante años el movimiento vehicular, dejando de lado a quienes se desplazan caminando o dependen del transporte público.
“No todo el mundo puede comprar un auto. Y aun así, ni siquiera quienes tienen carro están contentos con cómo funciona hoy la ciudad”, señaló.
Según Tapia, los principales problemas de las aceras son:
Deterioro y falta de mantenimiento, poca conectividad, aceras demasiado estrechas, mala iluminación, inseguridad y ausencia de árboles o sombra.
“Una acera en Panamá sin árboles o sin algo que dé sombra no es acera”, expresó.
Las aceras como reflejo de una ciudad desigual
El urbanista y analista urbano Carlos Gordón considera que el debate sobre las aceras no debe quedarse únicamente en el mal estado de las infraestructuras.
“El problema debe abordarse desde las causas”, indicó. “La pregunta es: ¿qué hace que en Panamá no haya aceras?”
Gordón identifica tres factores principales:
Normativas históricamente débiles sobre servidumbres y aceras, falta de regulación y fiscalización urbana y poca educación ciudadana sobre el respeto al espacio público.
Según el especialista, durante años se permitió la ocupación irregular de las aceras y diseños urbanos deficientes.
“Los propietarios de negocios y muchos conductores actúan con desconsideración porque históricamente no ha existido una cultura de respeto al peatón”, sostuvo.
También advierte que existen dos realidades distintas dentro del problema: el centro urbano y la periferia.
“No es lo mismo construir aceras en Calidonia que en sectores como la 24 de Diciembre o San Miguelito, donde muchas veces existen únicamente veredas improvisadas entre cerros”, explicó.
Para Gordón, las aceras deben entenderse como espacios fundamentales de conexión urbana.
“Las aceras conectan escuelas, hospitales, trabajos, comercios y estaciones de transporte. Son parte esencial de la movilidad y deberían ser una prioridad”, afirmó.
Caminar entre vehículos
Uno de los problemas más visibles en distintos sectores de la ciudad es la invasión constante de vehículos sobre las aceras.
En áreas como San Francisco, Vía España, Calidonia y Bella Vista, peatones deben bajarse a la calle para continuar su recorrido debido a carros estacionados sobre espacios públicos.
Ofelia Gonzáles, residente de la 24 de Diciembre, asegura que caminar diariamente se convirtió en una experiencia peligrosa.
“A veces toca caminar por la misma calle porque las aceras están deterioradas y no hay espacio para pasar”, comentó.
Mientras que Jorge Castillo, estudiante universitario y usuario frecuente del Metro, afirma que el problema empeora cuando los autos estacionan en el espacio peatonal.
“Hay calles donde uno termina caminando pegado a los carros porque la acera está completamente ocupada. A veces parece que el peatón fuera el que estorba”, expresó.
Limitaciones autoritarias
David Tapia reconoce que la Alcaldía enfrenta limitaciones legales para enfrentar el problema.
“No tenemos la capacidad ni de multar ni de remolcar autos sobre las aceras y eso ha sido catastrófico”, explicó.
Según el arquitecto, Panamá desarrolló una cultura urbana completamente orientada al automóvil.
“Todo está diseñado para que el auto llegue hasta la puerta de entrada. Entonces, como no cabe, lo trepan donde cabe”, expresó.
La batalla por recuperar el espacio público
La problemática también comenzó a generar respuestas desde gobiernos locales.
La representante de San Francisco, Serena Vamvas, anunció recientemente nuevos proyectos de recuperación peatonal en el corregimiento.
“Estamos entregando la primera de varias aceras que vamos a construir”, afirmó.
Según explicó, las nuevas aceras buscan mantener espacios peatonales amplios, incorporar rampas, ordenar estacionamientos y evitar la invasión vehicular.
“Si su casa, local o restaurante está usurpando el espacio donde las personas tienen que caminar, es un correctivo que estamos haciendo para que esta ciudad sea más caminable”, expresó.
La Alcaldía de Panamá informó además que durante los primeros tres meses del año logró recuperar y construir aproximadamente 1,200 metros lineales de aceras en sectores como Las Mañanitas, Pedregal, Alcalde Díaz, Bella Vista, Calidonia, Betania, Pueblo Nuevo, Caimitillo y San Francisco.
Según la entidad, más de 300 mil personas se han beneficiado directamente de estas obras.
El peatón y la falta de autoridad
Actualmente, las sanciones por vehículos estacionados sobre aceras recaen principalmente en la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT).
Este año, la entidad anunció su integración a la plataforma Panamá Conecta, permitiendo denuncias ciudadanas por:
Autos estacionados sobre aceras, invasión de líneas amarillas, uso indebido del hombro y ocupación ilegal de espacios para personas con discapacidad.
Las multas pueden alcanzar los $300 y duplicarse en casos de reincidencia.
Sin embargo, Tapia considera que el problema va más allá de las sanciones.
“La misma autoridad muchas veces no tiene claro que estacionarse sobre una acera no se puede hacer”, afirmó.
El arquitecto sostiene que Panamá aún enfrenta una estructura institucional fragmentada y altamente centralizada que dificulta resolver problemas urbanos de forma integral.
¿Puede Panamá convertirse en una ciudad caminable?
Para Tapia, la respuesta depende de transformar la manera en que se planifica la ciudad.
El arquitecto explicó que la Alcaldía trabaja actualmente en una nueva guía de espacio público que establecería parámetros sobre cómo deben construirse y recuperarse las aceras en la capital.
Aunque el documento todavía no es oficial, Tapia adelantó que ya fue discutido en la Junta de Planificación Municipal y que esperan presentarlo próximamente ante el Consejo Municipal.
“En tema de movilidad estamos bastante avanzados con esa guía”, señaló.
La propuesta incluiría criterios sobre dimensiones de aceras, accesibilidad universal, relación entre edificios y espacio público, estacionamientos, rampas, iluminación y mobiliario urbano. “Estamos definiendo cómo deben hacerse las aceras y cómo deben responder los edificios al espacio público”, explicó.
Mientras tanto, la realidad diaria sigue siendo evidente.
Miles de panameños continúan caminando entre carros, huecos, cables, basura y aceras incompletas en una ciudad que durante décadas pensó más en mover vehículos que personas. Y ahora, con el combustible cada vez más costoso, la crisis peatonal dejó de ser únicamente un problema urbanístico para convertirse también en un problema económico y social.