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- 03/05/2026 10:08
Cada 3 de mayo, el mundo conmemora el Día Mundial de la Libertad de Prensa, una fecha que recuerda la importancia de garantizar el derecho a informar y ser informado.
En Panamá, esta conmemoración ocurre en un contexto complejo: aunque el país no enfrenta los niveles de represión más severos de la región, sí vive una etapa de tensiones sutiles que amenazan el ejercicio pleno del periodismo.
A nivel global, la libertad de prensa atraviesa uno de sus momentos más críticos en décadas, con retrocesos impulsados por presiones políticas, económicas y legales. Este panorama también tiene eco en el escenario panameño, donde los desafíos no siempre son visibles, pero sí persistentes.
En Panamá, organismos como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP)advierten sobre un fenómeno cada vez más frecuente: el uso de mecanismos legales como herramienta de presión.
Demandas civiles y penales, muchas veces acompañadas de medidas como el secuestro de bienes, generan un clima de incertidumbre que impacta directamente en la sostenibilidad de los medios y fomenta la autocensura.
A esto se suma el peso de factores económicos y políticos. La asignación de publicidad estatal, los discursos confrontativos desde el poder y propuestas legislativas que podrían soportar sanciones contra periodistas configuran un entorno que limita, de forma indirecta, el debate público.
En este contexto, las advertencias internacionales refuerzan la preocupación.
El Papa León XIV, durante la conmemoración de este día, alertó que la libertad de prensa es“a menudo violada”, ya sea de forma abierta o más discreta, y recordó a los numerosos periodistas que han sido víctimas de la violencia y los conflictos en distintas partes del mundo.
Su mensaje no solo pone el foco en los casos extremos, sino también en aquellas presiones menos visibles que, acumuladas, terminan debilitando el derecho a informar.
Si bien Panamá se mantiene en una categoría de apertura relativa en comparación regional, expertos coinciden en que existe una“erosión silenciosa pero persistente” de la libertad de prensa.
Esta expresión resume con precisión el momento actual: no se trata de censura abierta, sino de presiones acumulativas que, poco a poco, debilitan el ejercicio periodístico.
Incluso en la percepción ciudadana hay señales de alerta. Una parte de la población siente limitaciones para expresarse libremente, lo que evidencia un clima de cautela que trasciende a los medios y alcanza a la sociedad en general.
En este contexto, el Día Mundial de la Libertad de Prensa no solo es una fecha simbólica, sino una oportunidad para reflexionar sobre el papel del periodismo en la democracia panameña.
Defender la libertad de prensa implica no solo rechazar la censura directa, sino también enfrentar las formas más sofisticadas de presión que pueden debilitarla desde dentro.
Porque una prensa libre no es únicamente un derecho de los periodistas: es una garantía para toda la ciudadanía. Sin información independiente y plural, la transparencia se diluye y la democracia pierde uno de sus pilares fundamentales.