Terremotos en Panamá: ¿qué tan expuesto está el país a un sismo de gran magnitud?

  • 11/08/2026 17:30
La región fronteriza con Costa Rica concentra la mayor actividad telúrica del territorio nacional debido a la interacción de varias placas tectónicas

El fuerte terremoto registrado en Colombia y percibido en distintas provincias de Panamá volvió a colocar sobre la mesa una pregunta inevitable: ¿qué tan expuesto está el país a experimentar un evento sísmico de gran magnitud?

Aunque determinar la capacidad de respuesta ante una emergencia corresponde al Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc), desde el ámbito científico existen décadas de información que permiten conocer dónde se concentra la actividad sísmica, cuáles son las fallas activas y qué características pueden aumentar la amenaza en determinadas zonas del territorio.

Néstor Luque, especialista del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, explicó a La Estrella de Panamá que Panamá se encuentra dentro de una región tectónicamente activa y que el movimiento ocurrido en Colombia fue detectado por la red de estaciones sísmicas instaladas en el territorio nacional.

El movimiento llegó a sentirse durante entre 40 segundos y un minuto en algunos puntos del país, según reportes ciudadanos recibidos por el instituto. La percepción alcanzó desde edificios altos de la ciudad de Panamá hasta provincias como Coclé y Chiriquí.

El episodio, además, no terminó con el movimiento principal. Los sistemas utilizados en Panamá detectaron al menos dos réplicas importantes y los científicos advierten que, debido a la magnitud del terremoto, pueden continuar produciéndose movimientos secundarios, aunque progresivamente deberían disminuir su intensidad.

Entre 40 segundos y un minuto

El Instituto de Geociencias mantiene estaciones distribuidas en el territorio nacional para monitorear permanentemente la actividad sísmica. Ese sistema detecta y localiza los movimientos que se producen tanto dentro como fuera del país.

“El sistema detectó este evento sísmico, igual que otras redes sismológicas, y dio su ubicación”, explicó Luque.

A los registros instrumentales se sumaron los testimonios de ciudadanos que reportaron haber sentido el movimiento en diferentes puntos de Panamá.

De acuerdo con el especialista, algunos de los reportes más prolongados llegaron desde el área de Penonomé, donde personas aseguraron haber percibido la sacudida durante periodos de entre 40 segundos y un minuto.

También hubo informes desde edificios altos de la ciudad de Panamá, donde el movimiento fue percibido durante un periodo prolongado, e incluso desde la provincia de Chiriquí.

El instituto detectó posteriormente dos réplicas, una de magnitud 5,7 y otra de 4,7. El Servicio Geológico Colombiano, añadió Luque, ha analizado otros movimientos secundarios asociados al terremoto.

“Por esta magnitud, lo que se esperaría es que genere varias réplicas”, señaló.

Las réplicas no necesariamente desaparecen después de las primeras 24 o 48 horas. Se trata de eventos posteriores al terremoto principal y de magnitud inferior que pueden continuar registrándose durante un periodo variable.

“Todavía pueden seguir dándose réplicas con valores que van a seguir disminuyendo”, explicó.

¿Por qué están ocurriendo tantos terremotos?

Los recientes movimientos registrados en distintos puntos de América Latina pueden generar la impresión de que existe un fenómeno sísmico extraordinario afectando simultáneamente a la región. Sin embargo, Luque explica que se trata de una zona que, por su configuración geológica, ha sido históricamente muy activa.

“Esta región donde nos encontramos, donde se encuentra Venezuela, Panamá y Colombia, es una región tectónicamente activa”, indicó.

La explicación está bajo la superficie terrestre: varias placas tectónicas interactúan en esta parte del continente.

En el caso de los eventos registrados en Venezuela, explicó el científico, interviene el contacto entre la placa del Caribe y la placa Suramericana. El terremoto ocurrido en Colombia, en cambio, estuvo asociado a los esfuerzos entre la placa de Nazca y la Suramericana.

En estos procesos, las placas ejercen presión durante largos periodos hasta que la energía acumulada supera determinado límite y termina liberándose.

En el caso colombiano se produce un proceso conocido como subducción. La placa de Nazca, ubicada bajo el océano y de mayor densidad, se introduce por debajo de la placa Suramericana.

Cuando los esfuerzos acumulados alcanzan su límite, puede producirse una liberación súbita de energía que genera el terremoto.

Según Luque, para sismos de estas características los ciclos de recurrencia pueden situarse entre los 100 y 200 años, lo que significa que la energía capaz de generar un evento de magnitud superior a 7 puede haberse acumulado durante un periodo considerable.

¿Se puede saber cuándo ocurrirá el próximo?

Pese a los avances tecnológicos, la ciencia todavía no puede determinar el día y la hora en que ocurrirá un terremoto.

“No existe una teoría de la predicción”, enfatizó Luque.

Lo que sí pueden hacer los científicos es estudiar las zonas donde existen esfuerzos tectónicos acumulados y analizar sus ciclos sísmicos para identificar regiones que potencialmente podrían liberar energía en el futuro.

Después de un terremoto, por ejemplo, una parte de una zona tectónica puede haber liberado energía mientras otras porciones permanecen sometidas a esfuerzos.

Estas últimas pueden convertirse en áreas de especial interés para los científicos.

Para estudiarlas se utilizan diferentes herramientas, entre ellas sistemas de posicionamiento GPS e imágenes satelitales mediante una técnica conocida como InSAR, que permite observar deformaciones de la superficie terrestre.

“Todas esas metodologías ayudan a analizar este ciclo sísmico y el estado de los esfuerzos tectónicos que están haciendo las placas”, detalló.

El objetivo no es predecir exactamente un terremoto, sino mejorar las estimaciones sobre los ciclos de recurrencia y conocer dónde se están acumulando esfuerzos.

Chiriquí y la frontera con Costa Rica, bajo mayor amenaza

Dentro del territorio panameño no todas las regiones presentan las mismas condiciones sísmicas.

Luque hace una precisión importante: científicamente debe distinguirse entre amenaza y vulnerabilidad. Esta última se relaciona, entre otros factores, con las condiciones de las edificaciones, mientras que la amenaza sísmica considera aspectos como la presencia de fallas activas, la recurrencia de sus movimientos, la acumulación de esfuerzos tectónicos y las características del suelo.

Los suelos blandos, por ejemplo, pueden amplificar las ondas sísmicas, mientras que los terrenos más firmes presentan un comportamiento diferente frente a estas señales.

En Panamá, una de las zonas que concentra mayor atención se encuentra hacia Chiriquí y la frontera con Costa Rica, especialmente en los alrededores de Punta Burica y Puerto Armuelles.

La razón está nuevamente bajo tierra.

En esta región se encuentra lo que la literatura científica denomina el punto triple de Panamá, una zona donde interactúan la microplaca de Panamá y las placas del Caribe y de Nazca.

“Es una zona de mucha actividad sísmica porque, si ya hay actividad cuando tengo convergencia de dos placas tectónicas, en el lugar donde tengo tres es mucha mayor”, explicó Luque.

Por esta razón, la mayor actividad sísmica registrada dentro del territorio panameño se concentra hacia la región fronteriza de Panamá con Costa Rica, incluyendo sectores de Chiriquí y Bocas del Toro.

También existe actividad en áreas marítimas, tanto al norte como al sur del territorio, vinculada a los límites de la microplaca de Panamá con las placas del Caribe y de Nazca.

El reciente terremoto de Colombia, por tanto, no significa que pueda anticiparse un movimiento similar en Panamá. Pero sí vuelve a recordar una realidad geológica permanente: el país forma parte de una región tectónicamente activa y convive con zonas capaces de generar actividad sísmica.

La ciencia puede identificar dónde están las fallas, estudiar la acumulación de energía y calcular escenarios de amenaza. Determinar cuándo se liberará esa energía continúa fuera de su alcance.

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