El autor nicaragüense conversa, con este diario, sobre identidad, poder, censura y desarraigo, mientras revive los recuerdos personales y políticos que...
El silencio también informa; Esperanza Navarro y la memoria de las ‘Voces apagadas...’
- 20/05/2026 17:08
En tiempos en que la memoria colectiva parece diluirse en el vértigo de las noticias instantáneas, las publicaciones fugaces y las tendencias efímeras, ‘Voces apagadas. Periodistas caídos en la pandemia’, de Esperanza Navarro, surge como una obra necesaria. Más que un homenaje, el libro constituye un acto de resistencia contra el olvido y una reivindicación del periodismo como archivo humano de la historia.
La pandemia dejó estadísticas, informes sanitarios y decisiones políticas ampliamente documentadas. Sin embargo, detrás de ese gran relato global quedaron relegadas innumerables historias individuales, entre ellas las de periodistas que murieron mientras cumplían la misión de informar. Navarro rescata precisamente esas vidas y las devuelve al espacio público con dignidad, contexto y memoria.
Tras casi cuatro décadas de ejercicio profesional, la autora se adentra por primera vez en una obra literaria de largo aliento, luego de colaborar en diversas publicaciones especializadas en comunicación, entre ellas proyectos coordinados por la recordada profesional Alina Guerrero y el académico Franklin Bósques. Esa trayectoria previa se refleja en la estructura del libro y en la solidez de su mirada. No hay improvisación ni sentimentalismo gratuito; existe, en cambio, una clara conciencia del valor documental del periodismo.
La obra reconstruye las historias de 31 periodistas fallecidos durante la crisis sanitaria, relatando sus trayectorias profesionales en un texto que evita convertirse en un simple obituario masivo.
Durante la presentación del libro, realizada en la Gobernación de Panamá, colegas, familiares y representantes del gremio participaron en un acto marcado por la solemnidad y el recogimiento. Más allá del protocolo y del homenaje religioso, flotaba una certeza inevitable: aquellos periodistas no solo fueron testigos de la historia, sino también víctimas directas de ella mientras la narraban.
En un mundo definido por el filósofo surcoreano Byung-Chul Han como la “infocracia”, donde la información circula de forma acelerada, fragmentada y, muchas veces, desprovista de profundidad crítica, ‘Voces apagadas’ adquiere una dimensión aún más relevante. El libro se opone a la lógica del consumo rápido de noticias. Obliga al lector a detenerse, a observar nombres y rostros concretos, y a recordar que detrás de cada cobertura existe una vida expuesta al riesgo.
La obra recuerda una verdad esencial; los periodistas son los primeros narradores de la historia contemporánea. Sus crónicas y reportajes no solo describen el presente; con el tiempo, se convierten en fuentes primarias para comprender una época. Por ello, la muerte de estos 31 profesionales no representa únicamente una tragedia humana, sino también la pérdida simbólica de voces que habrían seguido interpretando el mundo.
En su obra, Navarro construye un doble registro narrativo. Por un lado, rinde homenaje a quienes ejercieron el oficio hasta sus últimas consecuencias; por otro, plantea una reflexión sobre las condiciones laborales, éticas y sanitarias del periodismo. La pandemia evidenció que informar desde el terreno también puede convertirse en una actividad de alto riesgo, muchas veces desarrollada sin suficientes garantías de protección.
Uno de los grandes aciertos del libro es su tono. La autora evita el dramatismo excesivo y rehúye el sensacionalismo. No busca explotar emocionalmente la tragedia, sino organizarla como memoria documentada. Esa contención le otorga una dignidad particular al texto y lo acerca más al archivo histórico que al relato lacrimógeno.
Guardando las proporciones, el método de reconstrucción periodística utilizado en ‘Voces apagadas’ remite al modelo investigativo desarrollado por el equipo Spotlight del periódico The Boston Globe. En 2002, aquella unidad de investigación reveló los abusos sexuales cometidos por sacerdotes católicos y el encubrimiento sistemático de la Iglesia, investigación que derivó en el Premio Pulitzer de Servicio Público en 2003 y que posteriormente inspiró la película Spotlight.
Aunque ambos trabajos pertenecen a contextos distintos, comparten un principio fundamental: el periodismo como herramienta para romper el silencio. Así como Spotlight expuso una estructura de ocultamiento institucional, Navarro rescata voces que corrían el riesgo de desaparecer en medio de la saturación informativa que dejó la pandemia.
Sin duda, ‘Voces apagadas’ trasciende el ámbito del periodismo testimonial. Es también una advertencia sobre la fragilidad de la memoria colectiva y sobre la responsabilidad que tienen los medios, las instituciones y la sociedad de impedir que ciertas historias queden sepultadas por la velocidad del presente.
Con esta obra, Esperanza Navarro demuestra, además, que incluso el silencio, cuando se documenta con honestidad y sensibilidad, también puede informar.