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- 20/02/2014 01:00
PANAMÁ. Pocas veces una película llega al cine con un curriculum como el de La gran estafa americana: es una de las favoritas de los próximos Óscar -¡con 10 nominaciones!-, se llevó tres de los siete Globos de Oro a los que fue nominada, y cuenta con un reparto de actores de lujo y un director que desde hace algunos años arrasa con cada película que estrena.
La historia deLa gran estafa americana está inspirada en una enorme operación llevada a cabo por el FBI a fines de los setenta para descubrir una trama de corrupción política. Sin embargo, el caso llamó la atención de la prensa internacional no sólo por los políticos que finalmente fueron presos, sino por haber sido liderado por un estafador que decidió trabajar junto a la ley para evitar ir preso. Por eso, el caso llevó como nombre Abscam, en alusión a Abdul, un falso jeque árabe que se utilizó en la operación, y a scam, que en inglés significa estafa.
Por eso en esta película todo juega del lado de las apariencias y las falsas apariencias, de la doble moral y la supervivencia en un mundo de traiciones constantes. Como bien dice en un momento del film Christian Bale, que interpreta al estafador que se alió con el FBI: ‘La gente cree lo que quiere creer’.
El caso Abscam, por otro lado, es sólo la excusa para llevar adelante esta película, que no tiene rigurosidad histórica ni le interesa tenerla. Su verdadero objetivo es mostrar las conexiones entre sus excéntricos personajes a partir de una adaptación bastante libre y delirante de lo que pudo haber sucedido.
La gran estafa americana es antes que nada una historia sobre personas que hacen lo imposible por mostrar lo que no son, o por ocultar lo que son y no quieren ser. Cada personaje esconde algo. Sean estafadores, agentes del FBI o políticos. Una peluca, un acento inglés, un peinado con ruleros, un caso de corrupción. Cada uno decide qué mostrar y qué esconder; y todos están obsesionados por lograr su sueño americano.
Los personajes de este film buscan sobrevivir, adaptarse, salir adelante. Así lo hace desde el comienzo de la historia el estafador Irving Rosenfeld (Christian Bale) al aliarse con el FBI para no ir preso y Sidney Prosser (Amy Adams), su socia estafadora y poseedora de unos escotes tan largos como sexys. Ellos son los primeros en trasladarnos al terreno de la farsa y la simulación.
Al igual que en El lado luminoso de la vida, su película previa, lo que más le interesa a David O. Russell es el ensamble de actores, la interacción entre los personajes. Él sabe cómo generar amor, odio, amistad, cómo hacerlos pelear o traicionarse, y también cómo dar rienda suelta para que cada uno saque lo mejor para crear a su personaje.
Es cierto que por momentos Escándalo Americano parece tener algunas escenas de más o demasiado improvisadas. Pero también lo es que esas mismas escenas crean algunos de los mejores momentos de la película, como cuando Jennifer Lawrence hace ese mini musical en el que baila y canta ‘Live and Let Die’ mientras revolea la cabellera y limpia los muebles de la casa frenéticamente.
El personaje de Bale dice en un momento que el mundo no es blanco y negro, que está repleto de grises. Y, a fin de cuentas, de eso se trata todo lo que estamos viendo: de un mundo en el que no existen los verdaderos héroes o villanos, en el que todos tienen objetivos y para llegar a ellos toman decisiones a veces correctas y otras no. De ese inmenso gris se trata La gran estafa americana.