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19 de Feb de 2020

Farándula

Vetusta Morla "vuelven al Palacio" para tricoronarse

Un año después de conmemorar en este mismo espacio 20 años de existencia, 10 de su primer álbum, Vetusta Morla han vuelto por quinta vez al Wizink Center

El cantante de Vetusta Morla, Pucho
El cantante de Vetusta Morla, Pucho, durante el concierto que el grupo madrileño ofrece esta noche en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid.EFE

Un año después de conmemorar en este mismo espacio 20 años de existencia, 10 de su primer álbum, Vetusta Morla han vuelto por quinta vez al Wizink Center para cerrar su más reciente gira, que con más de 150.000 asistentes en toda España ha sido uno de los directos de mayor éxito del panorama actual.

Como hace doce meses, como siempre que actúan aquí en realidad, el grupo se ha encontrado este viernes el aforo agotado y las enormes ganas de un público entregado que ha disfrutado y disfrutará en total de tres noches consecutivas de música bajo la excusa de su último disco, "Mismo sitio, distinto lugar" (2017).

Con sus "tres WeZinks", como los llaman ellos, el sexteto madrileño reedita la hazaña conseguida en 2015 y que fue un preludio en realidad del hito de reunir en el inicio de este "tour", en verano de 2018, a cerca de 40.000 personas en La Caja Mágica de la ciudad para tallar su nombres como responsables (no los únicos) de hacer saltar las divisiones entre lo "indie" y lo "mainstream".

Tras la del domingo, última oportunidad de disfrutar del espectáculo que se hizo con un Premio Ondas, llegará un retiro muy breve, pues los de Tres Cantos ya tienen previstos un nuevo álbum y una gira al hilo del mismo (a partir del 29 de febrero en A Coruña) en los que reinterpretarán y transformarán las canciones de su trabajo previo.

Llamado "Canciones dentro de canciones", partirá de la idea de que cada tema "no es el mismo según las circunstancias, según quien lo reciba, dónde se escuche o en qué momento de la línea temporal, vital y emocional es interpretado o escuchado", una premisa que vale para cualquier concierto de Vetusta Morla, también para este.

Medellín, Ciudad de México, Berlín, Los Ángeles, Barcelona... los distintos (y cada vez más numerosos) sitios de este mismo lugar emocional que es el grupo desfilan en los prolegómenos del arranque para hacer sentir a los asistentes que están participando de algo grande. "Madrid", se pinta en grande como súbito final y el antiguo Palacio de Deportes estalla en un grito de júbilo por el reencuentro con sus héroes locales.

El guion puede ser el mismo y que la canción "Mismo sitio, distinto lugar" inaugure de nuevo la velada a las 21,15 horas, pero la fuerza e intención sigue impactando como la primera vez.

Expertos en narrativas, solo la voz de Pucho irrumpe en medio de la algarabía, luego su silueta se destaca en rojo sobre el enorme escenario pertrechado de una gran pantalla y, finalmente, el sonido de Vetusta Morla se completa con la aparición sutil del resto de sus compañeros: David García "el Indio" (batería), Álvaro B. Baglietto (bajo), Jorge González (percusión), Guillermo Galván (guitarra) y Juan Manuel Latorre (guitarra y teclado). Y el corazón hace "bum".

"¡Los vetustos han vuelto al palacio!", proclaman entre el éxtasis generalizado, tras un final para "El discurso del rey" que obliga a levantar la vista a aquel loco que por casualidad pueda estar a otra cosa, como sucede poco después con "Golpe maestro", desde hace tiempo un "atraco perfecto" que deja los oídos llenos.

En el previo a "La mosca en tu pared", Pucho lanza sus agradecimientos a "todes" y llama a realizar pequeños gestos en 2020 para transformar el planeta en defensa del medio ambiente, también del amor, un mensaje que cala mejor con las notas de "Maldita dulzura" entre un mar de brazos al unísono.

Vetusta Morla parece dar todo lo que necesita una canción desde el arranque y, sin embargo, estas progresan a menudo en un "crescendo" inesperado, en parte por sus nuevas dinámicas, en parte por su entrega y la del público, que corea cada tema con la convicción de un clásico, en parte también por unas luces y proyecciones que casi nunca son inofensivas o azarosas.

Sucede en "Cuarteles de invierno", sucede con "Copenhague" y con "Un día en el mundo". "¡Mírame, soy feliz!", cantan los congregados ante uno de los cortes que se cayó del repertorio de La Caja Mágica, un rescate que desgraciadamente se cobra a "Fuego" como sacrificio.

Sí suenan "Guerra civil" y "La vieja escuela" con su bello flirteo de guitarras espaciales y cabalgada en la percusión; también "23 de junio", y el público suelta su "equipaje en la ribera" para entregar el cuerpo a un vals despreocupado. Se alcanza así la hora de concierto en medio de una nube y cuesta remarcar un momento bajo en el ritmo de la velada, que adopta un "Punto sin retorno" mutado como anticipo de ese próximo disco de metamorfosis.

Como pasa con sus canciones, cuando parece que el asunto no puede ir a más, se va a más. Pucho realiza su habitual inmersión entre las masas con "Mapas" como metáfora de búsqueda, "Sálvese quien pueda" se electrifica en un desahogo tribal, "Valiente" torna esa energía en himno generacional, una punky "Te lo digo a ti" invita al asalto político y se celebra una "Fiesta mayor" bien regada de viento metal y "lo-lo-lós" masivos que perviven varios minutos más allá de la música.

Pero no ha sido el final en realidad. Como colofón de este tramo comunal y descomunal, hasta redondear las dos horas de concierto, a Vetusta Morla aún le quedan en la recámara la candidez de sus "Iglús" en acústico, una ensoñadora "Consejo de sabios" y, por conocido no menos apasionante, el remate con "El hombre del saco" y "Los días raros".

"Gracias brutales", brilla un mensaje en la pantalla. "Gracias a vosotros", responde una voz desde el foso. Javier Herrero.