Temas Especiales

05 de Dec de 2020

Gastronomía

La inmensidad de una planta procesadora de alimentos

En el ámbito local, es lo más parecido a trabajar en las dimensiones de un crucero

La inmensidad de una planta procesadora de alimentos
La producción masiva de alimentos es un desafío para los chefs.

Ya en una columna anterior, hablamos sobre las diferentes ramas profesionales en que puede desenvolverse un cocinero, pasando desde restaurantes pequeños, servicios de banquetes, hoteles, cruceros y negocios personales, entre otros.

Por razones de trabajo, me tocó visitar la planta de Procesadora Monte Azul, filial de Niko’s Café, pero también proveedor de soluciones masivas de alimentación a hoteles y hospitales, por ejemplo, ¡y vaya que es producción masiva!

Esta planta es lo más cercano que tiene una persona local, a ver la maquinaria en cantidades y rotación de alimentos, que manejan los cruceros y, cuidado nos quedamos cortos con la comparación. Imagínense producir 4000 kilos de arroz con pollo en un mes, o doce mil kilos de sancocho en este mismo tiempo. Aquí hablamos de producciones diarias masivas, en equipos especiales, con personal dedicado específicamente a cada labor por separado.

Sumado a toda la parte culinaria, está el mantener estándares de calidad, de seguridad de los alimentos, manipulación, control de tiempo y temperatura, todo a una escala en donde no cualquiera se siente cómodo trabajando. Este tipo de trabajo es todo un reto profesional para un cocinero que quiera llevar su pasión al extremo.

Si en un restaurante promedio, el departamento de compras se vuelve loco a veces, lidiando con las exigencias del chef y con el control minucioso de no sobrepasar los costos estipulados por contabilidad. Ahora multipliquen eso por el hecho de manejar las cantidades de pedido para este tipo de producciones, y tener obligatoriamente, una lista de prácticamente todos los proveedores locales y muchos internacionales para poder completar lo que se necesite, pues detener una producción, ya sea por horas, es tiempo irrecuperable y muy valioso.

Muchos alumnos que tengo en la carrera de Artes Culinarias, se dejan llevar sólo por la parte glamorosa de la profesión: el gorro alto, las chaquetas de ‘chef’ con el nombre bordado, el pensar en el día en que les toque salir a una mesa a recibir el aplauso de comensales satisfechos, y muy pocos piensan en foguearse en diferentes áreas que ofrece la carrera para conocer de primera mano la experiencia y tener más amplio el panorama a la hora de escoger por cuál rama se van a inclinar.

En una planta se cambia la chaqueta de chef, por una bata desechable; el gorro alto por una redecilla, las sandalias antideslizantes por botas altas de hule y la sonrisa queda escondida, detrás de una mascarilla de uso obligatoria cuando manipulas o estás en un área de preparación de alimentos.

Así que, estudiantes de Artes Culinarias que leen esta columna, ojalá puedan solicitar a la Dirección Académica de la institución educativa en la que están, una visita guiada a cualquier planta de producción de alimentos, para que sientan un poco la adrenalina de llevar la pasión por la cocina a niveles extremos. ¡Feliz domingo!

CHEF