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09 de Apr de 2020

Planeta

Los tesoros de Las Perlas

Un viaje a bordo del crucero “Sea Voyager” con rumbo al Archipiélago de Las Perlas permite disfrutar de un espectáculo de la naturalez...

Un viaje a bordo del crucero “Sea Voyager” con rumbo al Archipiélago de Las Perlas permite disfrutar de un espectáculo de la naturaleza: los impresionantes despliegues y saltos de las ballenas jorobadas.

Las prístinas aguas del Pacífico panameño se han convertido en un santuario para estos mamíferos gigantes. La escena se ha convertido en el mayor atractivo de turistas nacionales y extranjeros. Ayer, más de medio centenar de comunicadores sociales de prensa escrita, páginas web, televisoras nacionales se dieron cita en el Archipiélago de Las Perlas para presenciar el evento natural.

El recorrido, que se inició en el Puerto de Amador y terminó en Isla Bartolomé, duró unas doce horas.

Jueves en el día. Eran aproximadamente las 9:30 de la mañana cuando llegamos a Amador. A lo alto, un cielo despejado; el mar se percibía en calma. Los viajeros se disponían a emprender una aventura.

Una lancha a vapor los condujo desde el Puerto de Amador hasta el crucero “Sea Voyager”, que alguna vez recorrió el mundo explorando la naturaleza que describe en sus documentales National Geographic y que ahora se dedica a realizar tours en Las Perlas y Darién.

La tripulación del capitán Roberto Sossa ofreció a los aventureros una amena bienvenida. Minutos más tarde inició la navegación mar adentro. Avistar cetáceos y complacer a los viajeros con el espectáculo que ofrecen era el objetivo de los tripulantes de la embarcación.

Benicio Wilson, naturalista del barco aseguró que día tras día los gigantes marinos posan a muchos visitantes. Ese día no sería la excepción.

Las aguas del Pacífico tropical panameño son aptas para la migración de las ballenas jorobadas. Año tras año ellas transitan por el Istmo centroamericano en busca de aguas cálidas para aparearse, parir y alimentar sus crías, explicó Wilson. Algunas pasan de largo hacia Suramérica. Pero, otras hacen de Panamá su hogar temporal.

Las horas pasaban de largo y las ansias por ver el primer ejemplar crecía minuto a minuto. El anhelado momento demoró más de cuatro horas en llegar.

Fue una voz por un magáfono la que anunció que el primer cetáceo se acercaba al barco. Los periodistas corren hacia la proa del barco para divisar el ejemplar.

En efecto, fascinantes saltos arqueados abrían el espectáculo. Una y otra vez, se desplazaba de un lado hacia otro, ante la mirada de los curiosos que intentan inmortalizar aquel momento en una fotografía.

De pronto la ballena da un salto increíble donde muestra su fornido esqueleto, y se sumerge en el agua. No volvió a salir más. El evento demoró segundos.

“Era una hembra de la especie Megaptera novaeangliae”, que migran desde la Antártica hasta el trópico, dijo Wilson. Más tarde dos ejemplares más repetirían la escena.

“Panamá es el país más bonito del mundo”, dijo André Niederhause, propietario de “Sea Voyager”. Y es que su diversidad biológica no sólo atrae a humanos sino también a gran cantidad de especies, que encuentran en el Istmo un paraíso para habitar. Esta experiencia podrá vivirla si hace reservaciones 391-1221 “Sea Voyager”