24 de Feb de 2020

Economía

Todos atropellan a Bush, incluso los soñadores

Hace varios años, el movimiento de la reforma migratoria cambió las reglas del juego. Dijo a los medios que ya no debían usar el término ‘inmigrante ilegal'

Mientras la campaña de Jeb Bush avanza a trompicones y sus donantes se ponen nerviosos, los analistas cuestionan si un individuo que no es eficaz en vender su marca al público, puede llegar a obtener la presidencia. Mientras tanto, los comentaristas se preguntan de qué manera alguien que no se las puede tener contra Marco Rubio y Donald Trump podría mantener la línea contra Vladimir Putin y el Estado Islámico.

Una pregunta más acertada sería cómo una persona puede estar entre los contendientes republicanos, si no puede vérselas con una petulante Soñadora la que —sin tener ni los hechos ni la ley de su lado— tuvo la cara dura de acribillar a preguntas a un candidato presidencial, a pesar del hecho de que, como inmigrante ilegal, ni siquiera debería estar en este país.

¿Es descortés decir eso? Mala suerte. Durante 25 años, escribí y hablé a favor de brindar a los indocumentados un camino a una categoría legal ganada. Me han llamado el ‘tipo de la amnistía' y ‘mexicano radical', y los de derecha y los nativistas, cosas aún peores. Así pues, mientras a menudo irrito a liberales e izquierdistas, no les resulta fácil etiquetarme como ‘anti-inmigrante' por decir verdades incómodas.

Como las siguientes: Hace varios años, el movimiento de la reforma migratoria cambió las reglas del juego. Dijo a los medios que ya no debían usar el término ‘inmigrante ilegal' para describir a los indocumentados. Y también pasó de alegar que debemos hacer modificaciones para los que quebraron la ley, a olvidar el hecho de que hubo leyes que se quebraron en primer lugar. En lugar de brindar a los pecadores una oportunidad de redención, el objetivo se convirtió en pintar a todos los indocumentados como santos.

No es de extrañar que ese sentido de derecho sea palpable en tantos Soñadores--los cientos de miles de jóvenes indocumentados que fueron traídos a Estados Unidos de niños por sus padres y que, por lo tanto, no quebraron técnicamente ninguna ley, aunque sus padres lo hicieran.

Ése es el dilema de los Soñadores. Se sienten satisfechos de sí mismos porque se realizaron modificaciones especiales para ellos, como la Acción Diferida para los que Llegaron de Niños (DACA, por sus siglas en inglés), que les otorga permisos de trabajo temporarios y protección contra la deportación, porque vinieron aquí involuntariamente. Pero sus padres no tienen tanta suerte-- porque no son inocentes.

Es confuso. Los soñadores basaron todo su argumento para que les permitieran quedarse en el hecho de que no hicieron nada malo. Pero después tratan de conferir el mismo derecho a sus padres, que sí hicieron algo malo.

Los soñadores conceden el valor de la ciudadanía exigiéndola para sí mismos y sus padres, pero después se dan la vuelta y persiguen una serie de privilegios —licencias de conducir, ingreso universitario, títulos de Derecho— sin necesidad de ser ciudadanos. ¿Es la ciudadanía esencial para vivir una vida productiva, o no?

No esperen obtener respuestas de Dulce Valencia, estudiante indocumentada del College of Southern Nevada, donde Bush participó recientemente en un foro. Mientras Bush saludaba a la multitud después del evento, Valencia preguntó al candidato —que apoya una categoría legal para 11 millones de indocumentados y un camino a la ciudadanía para los soñadores— por qué no va más allá y apoya un camino a la ciudadanía para sus padres.

Para los Soñadores, toda la política es personal. Y un tanto narcisista. Siempre es: ¿Qué va a hacer por mí, por mis padres, mi familia, mi comunidad? Bush no reaccionó bien al desafío. No miró a Valencia a los ojos y trató de deshacerse de ella, afirmando que ya había respondido esa pregunta.

Valencia volvió con un jab verbal, señalando a Bush que su esposa —que nació en México— había tenido la oportunidad de convertirse en ciudadana. ¿Por qué no habrían de tener sus padres la misma oportunidad?

Por supuesto, hay una gran diferencia: Columba Bush vino a los Estados Unidos legalmente y los padres de Valencia no lo hicieron. El candidato señaló ese punto, pero después se dio la vuelta rápidamente.

¿Eso es todo? Qué patético. Bush debería haber regañado a esa joven. Podría haber dicho algo así:

‘Mira, aunque me criticaron por ello en mi partido, dije que los Soñadores deben tener un trato especial. Pero no puedes transferir ese beneficio a tus padres sólo porque te sientas culpable de que te perdonen. Sacarías más de este debate, y francamente avanzarías más en la vida, si dejaras de quejarte sobre lo que piensas que este país te debe y si consideraras a fondo lo que tú le debes al país. Así es como hacemos las cosas aquí. Bienvenida a los Estados Unidos'. Ésa es la persona por la que yo votaría. ¿En dónde diablos está?

COLUMNISTA DE THE WASHINGTON POST

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Los soñadores lograron grandes modificaciones especiales, que les otorga permisos de trabajo temporarios y protección contra la deportación.

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No es de extrañar que ese sentido de derecho sea palpable en Soñadores, los jóvenes indocumentados que fueron traídos a EE.UU. de niños por sus padres.