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09 de Apr de 2020

Mundo

Coronavirus: el nuevo y complejo reto geopolítico para China

Aunque la principal amenaza de Beijing es el Covid-19, de ganar la batalla al virus tendrá que enfrentar la lucha por recuperar las pérdidas económicas y políticas tras la crisis

Luego de unos primeros días de confusión ante una enfermedad incierta, el Gobierno chino tomó medidas drásticas para controlar la propagación del nuevo coronavirus (Covid-19), convirtiéndose no solo en grave problema de salud pública, sino también en un enorme reto político para el gigante asiático.

El primer caso registrado oficialmente se presentó el 31 de diciembre de 2019, en la ciudad de Wuhan, provincia Hubei; primero como un brote vírico inusual dada su rápida propagación e inicial origen desconocido, que luego prendió las alarmas entre los líderes locales hasta llegar a la cúspide del Partido Comunista de China.

Si bien estudios del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de China apuntan a que el virus es muy contagioso, este tiene una baja tasa de mortalidad, con lo cual una estrategia de contención del mismo mientras se desarrollan tratamientos efectivos es clave, algo que en apariencia Beijing parece estar haciendo dada la leve disminución paulatina de infectados.

Hasta el momento se han registrado en China 2,118 fallecidos y unos 74,600 contagiados. De acuerdo con datos de la Comisión Nacional de Sanidad de ese país, de estas unas 16,000 ya han sido dadas de alta. Mientras en el terreno médico en apariencia hay mayor certidumbre, en lo político todo parece más nebuloso. A pocos días de cumplirse un mes de la crisis, ya la economía china empieza a sufrir los efectos colaterales del virus: eventos importantes como el salón del automóvil en Beijing y otras ferias comerciales han sido canceladas; empresas, como Apple, que dependen de las fábricas chinas mantienen algunos productos en cuellos de botella, en tanto la bolsa de valores de Hong Kong cerró este viernes con pérdidas en 1,09%. Igualmente, Beijing decidió cerrar 18 ciudades del país e incrementar controles en las grandes urbes, lo que complica la vida comercial interna. Según datos oficiales, no será hasta abril que se estima la estabilización de la pandemia, lo que obliga a China a calcular bien sus movimientos tanto por su interés de ampliar sus esferas de influencia mundial como para mantener el pulso en la guerra comercial con EEUU.

Está por verse si esta crisis termina por convertirse en el “Chernóbil chino” o el escaparate de cómo una potencia es capaz de atender con éxito una crisis de esta magnitud.

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