Delcy y Jorge Rodríguez: ¿quiénes son ‘los hermanos siniestros’?

  • 13/01/2026 15:05
A través de sus redes sociales, Ibéyise Pacheco describió a la presidente interina y a la cabeza de la Asamblea como “vengativos”, “desleales” y “obsesionada con alcanzar el poder”

La periodista venezolana Ibéyise Pacheco ofreció una de las radiografías más crudas y personales que se han hecho sobre Delcy y Jorge Rodríguez, dos de las figuras más influyentes del poder en Venezuela, a quienes describió como una pareja política unida por la ambición, la venganza y el dinero.

“En toda la complejidad de personajes que he conocido en mi profesión, no he encontrado una pareja tan obsesionada con alcanzar el poder”, afirmó Pacheco. No se refería únicamente al control político, sino a un proyecto integral de dominación que abarca gobierno, negocios y enriquecimiento personal. “Cualquiera que los subestime se equivoca”, advirtió.

Según la periodista, los hermanos Rodríguez no solo comparten cargos y estrategias, sino una identidad política indivisible. Los describió como “simbióticos”, incapaces de actuar uno sin el otro. En su caracterización, Delcy y Jorge son “desleales”, “implacables”, “vengativos”, pero también “inteligentes” y profundamente “vanidosos”. Para Pacheco, esa combinación los convierte en enemigos particularmente peligrosos.

Uno de los elementos más llamativos de su análisis es que, a su juicio, los Rodríguez nunca fueron verdaderamente chavistas. “Nunca lo fueron”, aseguró. Su llegada al núcleo del poder, explicó, ocurrió tras el triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998, cuando ambos se reubicaron políticamente bajo la protección de José Vicente Rangel, a quien definió como su “padre putativo”.

Antes de eso, Jorge Rodríguez había sido una figura activa del movimiento estudiantil Fuerza Universitaria, desde donde —según recordó Pacheco — se opuso públicamente a Chávez en una famosa asamblea en 1998. Esa postura cambió radicalmente después de que el militar ganara las elecciones. Con Rangel como padrino político, los Rodríguez ingresaron al corazón del nuevo régimen, aunque, de acuerdo con la periodista, terminaron traicionando incluso a quien los llevó al poder.

Pacheco situó sus reflexiones en el contexto de la juramentación del pasado lunes 5 de enero, fecha que, según ella, los hermanos deben haber celebrado “a lo grande”. En ese momento, Delcy Rodríguez consolidó su posición como figura clave del Ejecutivo, mientras Jorge Rodríguez continuó al frente del Parlamento. Para la periodista, ese día simbolizó la culminación de un proyecto largamente planificado: el control simultáneo del Ejecutivo y el Legislativo.

Para explicar la naturaleza de ese proyecto, Pacheco citó un pasaje de su libro Los hermanos siniestros, publicado hace siete años, en el que traza una metáfora casi genética del poder que los mueve. “Su cadena de ADN posee información almacenada con instrucciones que les garantizan satisfacer su código: la venganza como ley motriz”, escribió entonces. En esa visión, la búsqueda de poder y dinero no es una desviación, sino una pulsión central que intenta disfrazarse con discursos ideológicos.

En ese mismo texto, la periodista sostiene que los Rodríguez “podrían escandalizar a la sociedad para divertirse” y que su falta de límites forma parte de su forma de ejercer el poder. No se trata solo de pragmatismo político, sino de una lógica de dominación que combina resentimiento, ambición y un fuerte deseo de revancha.

La dimensión personal también ocupa un lugar clave en la caracterización. Para Pacheco, la relación entre Delcy y Jorge no es simplemente la de dos aliados políticos, sino la de dos actores que se necesitan mutuamente para cumplir un mismo objetivo. “Él quiere ser presidente de la República y ella trabaja para que lo logre. Y si él no puede, ella lo hará”, afirmó, resumiendo una dinámica de respaldo mutuo que trasciende cargos formales.

En la Venezuela actual, donde el poder se ha concentrado en un pequeño círculo, los hermanos Rodríguez representan, según esta lectura, una de las estructuras más sólidas y persistentes del régimen. No solo ocupan posiciones estratégicas, sino que operan como un bloque compacto, difícil de fracturar desde dentro.

La descripción de Ibéyise Pacheco no pretende ser neutral ni diplomática. Es el retrato de dos figuras que, desde su perspectiva, han hecho del poder un proyecto vital y de la política una herramienta para imponer una voluntad marcada por la ambición, el resentimiento y la venganza. Un retrato que, en un momento de reacomodos dentro del chavismo, vuelve a poner bajo la lupa a una de las parejas más influyentes —y temidas— del sistema venezolano.

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