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28 de Ene de 2023

Política

¿Una integración humana por medio de la religión?

Los vertiginosos avances de la tecnología y la ciencia, el alcance del conocimiento humano en disímiles campos de la microbiotecnología,...

Los vertiginosos avances de la tecnología y la ciencia, el alcance del conocimiento humano en disímiles campos de la microbiotecnología, la neurociencia, la ingeniería genética, el almacenamiento digital de información, las intrincadas redes de comunicaciones, las nuevas exigencias educativas y del pensamiento, la potencialidad actual para el bienestar social e individual del hombre, conforman, en su conjunto, complejos motores del desarrollo humano que delimitan las constantes transformaciones en la cultura, las expresiones espirituales y las nuevas realidades de nuestras sociedades.

EL IMPACTO TECNOLÓGICO

Estas nuevas realidades, de crecientes recursos tecnológicos y científicos, han modificado las relaciones sociales y productivas entre los hombres, el carácter del trabajo, la familia, la forma de participación social y aprovechamiento del tiempo libre, pero también han transformado la actividad intelectual, las conductas colectivas, las condiciones culturales y la dinámica ideológica de los pueblos.

Estos nuevos procesos no están generando un incremento equitativo e integrado del desarrollo a lo interno de nuestras sociedades. Los mismos concentran ventajas en un reducido sector de la población, incrementando las profundas brechas de desigualdad e inequidad en la mejor calidad de vida, el acceso al bienestar económico, a la educación, la información y al conocimiento, entre los distintos integrantes de nuestras sociedades.

Pero la desigualdad en nuestras realidades sociales, no se refieren únicamente a lo económico. Al constituir un proceso multidimensional complejo, tienden también a reagrupar a la población en torno a sus propias realidades sociales y culturales, en la defensa de sus condiciones de vida, tradiciones, esquemas de pensamiento y las formas de percibir su realidad circundante, los cuales incluyen los contenidos de su universo simbólico.

LOS RECURSOS IMAGINARIOS

Frente a las consecuencias económicas de la sociedad del nuevo milenio y al trastocamiento de sus contenidos simbólicos, el individuo, en su necesidad de interpretar y de explicarse sus propias condiciones de vida social, acude a su historia personal haciéndose responsable de su propia realidad, pero también acude a recursos imaginarios entre los cuales puede llegar a creer que en dicha realidad interviene lo sobrenatural.

La atribución simbólica de lo ‘sobrenatural’ a su realidad social vivida, para el individuo creyente representa la ventaja de lo inverificable, permitiéndole cierta seguridad que, al no estar sujeta a la voluntad ni al comportamiento humano, constituye una garantía y un respaldo, lo que en última instancia coincide con la función protectora del pensamiento religioso.

Es así, cómo, ante momentos críticos, de malestar social, cuando los factores de unidad económica, política, ideológica y étnica, se someten a dudas, las explicaciones sobrehumanas de la realidad social se presentan como alternativas.

EL PAPEL DE LO RELIGIOSO

En otras palabras, en circunstancias insólitas e inesperadas, lo religioso puede servir como recurso cultural e ideológico, para construir un espacio organizado en medio de la anomia general y el deterioro de valores como referencias éticas y morales, en que se encuentran amplios sectores de población.

La diseminación de movimientos religiosos y su dinamismo durante las dos últimas décadas, ha sido considerada como una de las expresiones socioculturales de la modernidad. Sobre el escenario de la sociedad moderna informacional, se produce un auge del pensamiento religioso, que ya no se adecúa al orden institucionalizado, jerarquizado, acartonado y alejado de los problemas existenciales de los seres humanos.

Los nuevos movimientos religiosos ganan cada vez más adeptos, implicando un nuevo significado cultural. Ya no sólo constituyen una respuesta emotiva a las tensiones sociales, sino también incorporan elementos culturales propios de la sociedad en donde se desarrollan. No son ‘expresiones religiosas desviadas’, que acogen a los desadaptados o disidentes religiosos. Son manifestaciones de los procesos personales del malestar en las sociedades actuales. Es a partir de las propias contradicciones sociales, donde obtienen su atracción de convocatoria, en la medida que retienen la capacidad de simbolizar los significados del ‘poder infinito’, la ‘indignación suprema’ y la ‘compasión sublime’.

En función de lo anterior, amplios sectores de población buscan encontrar sentido al sentimiento de marginación y de exclusión en que se encuentran. Permite organizar la emoción del pobre en tanto la creación de un nuevo actor social, fundado en un acto comunitario, con una forma de lenguaje, de ‘alabanza’ colectiva, emocional, como vía de afirmación identitaria.

LA EDUCACION DEBE OCUPAR SU LUGAR

Resulta evidente que su análisis excedería éste breve espacio, sin embargo, interesa resaltar que corresponderá a la sociedad en su conjunto estimular el progreso social, la eficiente calidad de vida de la población, el desarrollo humano sustentable, que son exigentes de madurez en los procesos educativos para la búsqueda y comprensión de las causas reales que han determinado y determinan, sus condiciones de existencia social.

Le corresponde al sistema educativo formal, permitir a la población el acceso al conocimiento y racionalidad científica, pero también a la educación informal en los medios de comunicación masivos, estimular una mejor participación social y cultural, en las relaciones cotidianas de la población y un aprovechamiento del tiempo libre que desarrolle su personalidad.

Se requiere de un proceso educativo ajustado a las nuevas exigencias del mundo del conocimiento, la información, la ciencia, la tecnología y la cultura, obligantes de mejores actitudes y comportamientos sociales, cada vez más libres de atavismos mentales e intolerancias.

Es imprescindible ampliar el conocimiento científico en torno a las realidades nacionales existentes en la memoria colectiva de la población, en miras a su integración, superando a su vez, aquellas condiciones que impliquen la peligrosidad de integrismos étnicos, fundamentalismos religiosos, sectarismos políticos e intolerancia ideológica, que la mayoría de las veces, dificultan y amenazan los procesos sociales integradores.

Es el ser humano quien brinda sentido a todo lo construido socialmente, incluyendo sus procesos integradores. Ello sólo es posible conceptualizarlo desde una perspectiva de paz, equidad, educación, libertad de pensamiento, voluntad política, madurez social y confianza mutua, con certidumbre social y respeto a la dignidad humana, con la necesaria afirmación de sí mismo.

La sociedad panameña deberá enfrentar las nuevas exigencias de la época, en la medida de su propia modernización, con desarrollo humano sustentable, con capacidad ética para imaginar procesos de integración y definición identitaria en todos los niveles correspondientes a un proyecto de desarrollo nacional.

SOCIÓLOGO