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26 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Protejamos nuestro patrimonio

El abandono, la negligencia y el poco aprecio de los valores históricos, son parte de la crisis en que vive la Nación.

El abandono, la negligencia y el poco aprecio de los valores históricos, son parte de la crisis en que vive la Nación.

El país, en los últimos años, va de tumbo en tumbo. Existe una insolvencia de hombres, en el sentido más genérico, que pone en peligro las instituciones que deben sentar las pautas del mínimo respeto por las cosas puestas a su cuidado. Y tratándose de la cultura nacional, la Constitución desarrolla en su capítulo cuarto los deberes del Estado para con el patrimonio cultural.

En consecuencia, el artículo 85 de la Carta Magna expresa: “ constituyen el patrimonio de la Nación los sitios y objetos arqueológicos, los documentos históricos u otros bienes muebles o inmuebles que sean testimonio del pasado panameño. El Estado decretará la expropiación de los que se encuentren en manos de particulares. La ley reglamentará lo concerniente a su custodia, fundada en la primacía histórica de los mismos y tomará las providencias necesarias ?”.

La Ley No. 14 de 5 de mayo de 1982, dicta pautas en su artículo primero al determinar que le “corresponderá al Instituto Nacional de Cultura, a través de la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico el reconocimiento, estudio, custodia, conservación, administración y enriquecimiento del Patrimonio Histórico de la Nación”. Si analizamos esta norma de forzoso cumplimiento y de manera inobjetable, intuimos que se está frente a una grave situación por aquello de la ambigüedad de mando y de usurpación de funciones para nunca acabar.

No está muy lejos esa percepción internacional de corrupción existente en Panamá y que el señor presidente ofreció minimizar a “0”, promesas vanas que hablan del Panamá de hoy y de “una patria nueva”.

Realmente repugna este hecho y produce conturbación el escuchar el pago de cualquier cantidad de miles de dólares para dar con el paradero de piezas alusivas a la historia, que aún la procuradora no puede ubicar en su lugar de origen.

Y este es sólo un ejemplo de extraordinarias joyas valiosas de tiempos remotos que forman parte del Patrimonio de la Nación, y que el INAC tiene que rescatar.

Esas huellas que hablan del pasado se han perdido para lucir en anaqueles privados o en museos extranjeros. De la salud, educación, deportes y otros estamentos, tiene que salir la mano política y la politiquería para sanear, aunque tarde, la imagen del país.

Que la “pérdida” de “Los juegos de antaño” sea una voz de alerta para mirar retrospectivamente el pasado reciente vía resarcir nuestro conjunto cultural. Para ello el Estado debe dotar de los fondos necesarios al INAC, para que cumpla con sus funciones y revise cuidadosamente los museos y monumentos históricos que, por negligencias, pueden caer en desgracias y perderse como “las estatuas” y los millones de balboas que ha significado la restauración de los bienes patrimoniales.