Temas Especiales

21 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Una historia de la invasión

He leído tu artículo “El hombre de la embajada”, que aparece hoy en la página 2A. En el tercer párrafo leo (con sorpresa) “Fue el único ...

He leído tu artículo “El hombre de la embajada”, que aparece hoy en la página 2A. En el tercer párrafo leo (con sorpresa) “Fue el único miembro del Estado Mayor que combatió. Los demás huyeron”.

Con el mayor respeto te pregunto ¿en qué te basas para esa afirmación? No recuerdo que Daniel Delgado fuese miembro del Estado Mayor en 1989, ni en ningún otro momento, por lo cual creo que esa afirmación es incorrecta.

Pero más incorrecto es la afirmación de que “combatió”. Combatir es chocar con el enemigo y lograr algún objetivo táctico (qué puede ser tomar algún objetivo, retener una posición defensiva, canjear terreno por tiempo y otras). Después de la invasión me he dedicado a recopilar y a leer cuanto libro ha llegado a mis manos sobre los aspectos tácticos de la invasión.

No he visto ningún documento serio que establezca lo que tú sostienes en tu artículo en el sentido de que Daniel Delgado “combatió”. Combatir no es hacerle un disparo a una columna enemiga y salir corriendo despavorido.

Combatir no es reunirse temerosamente en el patio de un cuartel y preguntar qué esta pasando. Combatir no es entregar armas irresponsablemente a gente que después las utilizó para saquear.

He leído algunas piezas escritas por algunos “combatientes” que describen sus “heroicas” acciones escribiendo “les sacamos la entretela”. Comprenderás que esa descripción —propia de una riña de cantina— no puede servir de base para afirmaciones que pretenden tener carácter histórico.

¿Qué objetivo, qué posición tomaron? ¿Qué posición retuvieron con? ¿Cuánto material de guerra le ocuparon al enemigo? ¿Cuántos prisioneros le hicieron al enemigo?

Cuando comienzas a hacer un examen serio de los relatos de estos “combatientes” te das cuenta que hay más de charlatanería que de otra cosa.

Yo conversé con Daniel Delgado después de la invasión y él me dijo que frente a los hechos que se habían dado (es decir la invasión) él no consideró que debía “inmolarse”· Ese mismo día me hizo llegar dos fusiles que conservaba. Yo comprendí la actitud de Delgado. Nadie se hace matar por una causa en la que no cree. Y en Noriega nadie creía. Por eso la Fuerza de Defensa no combatió.

Delgado tiene muchos defectos, pero ser tonto no es uno de ellos.

Desafortunadamente los subalternos no pudieron escoger. La mayoría de los que murieron estaban de centinelas o de turno en las guarniciones atacadas.

Se defendieron, combatieron por ellos y por sus compañeros. No por Noriega.

De los “Batallones de la Dignidad”, salvo contadas y honrosas excepciones, todos siguieron el ejemplo del ex-general Noriega. Se escondieron!

Hasta aquí la verdadera historia del aspecto táctico y operacional de la invasión. Por favor, sé más cuidadoso con lo que escribes.

Atentamente,