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18 de May de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

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¡Un zapatazo!

Parece novela, pero así ocurrió. Muntazer al—Zaidi, un periodista de 29 años de la cadena de televisión Al Bagdadia, hizo, tal vez, lo q...

Parece novela, pero así ocurrió. Muntazer al—Zaidi, un periodista de 29 años de la cadena de televisión Al Bagdadia, hizo, tal vez, lo que millones de ciudadanos iraquíes soñaban. No es fácil, y menos a la edad de George W. Bush, hacer juegos de cintura para esquivar dos impactos de zapatos en el rostro. Ya sea por la ira o por un simple impulso, este hecho, sin duda, será recordado, por buena parte de Irak, como un acto de patriotismo.

Los que me conocen pueden dar fe, no revolucionario ni socialista, pero no niego que me hubiera gustado lanzarle un par de zapatos a cada uno de los presidentes norteamericanos que han invadido a Panamá. Esto no quiere decir que tenga el valor de hacerlo, es solo una de aquellas fantasías que el temor a represalias siempre frena. A lo mejor, en mí, la acción del zapatazo habría parecido un gesto de insolencia, pero en el mundo árabe, es todo un signo cargado de connotaciones. En esa cultura mostrarle a alguien la suela de los zapatos es símbolo de irrespeto, y lanzárselos, se podrán imaginar.

Con el primer zapatazo al—Zaidi le dijo a Bush “este es un beso de despedida, perro”. Con el segundo exclamó “esto es por las viudas, los huérfanos y todos los muertos en Irak”. Al impetuoso periodista, esta acción le podría significar 15 años de prisión. Exagerado, quizás, pero esas son las leyes de su país.

¡Un zapatazo! Un gesto de desprecio simbólico para quienes con sus actos atentan contra las esperanzas de un pueblo.

Cuántos líderes y políticos panameños merecerían un par de zapatazos en la cara por la insensibilidad de sus acciones.

El hambre no es algo mental, es un sufrimiento que duele, y mucho. Y aunque para algunos la próxima contienda electoral se reduzca a un asunto de poder y fortuna, para miles de panameños que viven sumergidos en la pobreza, y para el par de millones que sufre a diario los embates de la ola delictiva y de la inseguridad imperante, la elección del próximo presidente no debe tomarse como quien elige una reina de carnaval.

-El autor fue Editor de Política de La Estrella.julio.villalobos@cwpanama.net