Temas Especiales

18 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Precio de una silla presidencial

Hay dos preguntas que me hago. La primera, si en realidad existe la dignidad entre los políticos; y la otra, cuántos millones pueden cos...

Hay dos preguntas que me hago. La primera, si en realidad existe la dignidad entre los políticos; y la otra, cuántos millones pueden costar una silla presidencial. Creo que la codicia por el poder puede ser la respuesta a ambas interrogantes.

Los panameños estamos viviendo, como nunca, una experiencia que trastoca cualquier concepto de una democracia donde los pueblos ya no responden a la integridad de su conciencia, sino que nos dejamos llevar por la demagogia publicitaria y el sonar de las monedas.

La decencia política está desapareciendo para dar paso a los que venden esperanzas, a sabiendas de que poco de lo que ofrecen puede realizarse. Sin embargo, eso no es lo importante. Lo peor es que el pueblo está dispuesto a creer cada mentira, sin importar el costo. Si analizamos el escenario político actual, con facilidad podemos darnos cuenta de que no existe candidato a la Presidencia que nos esté ofreciendo un proyecto de gobierno digno y realizable. Cada uno está involucrado en una competencia sobre quién promete más.

Y si observamos el contenido de cada proyecto, nos podemos percatar fácilmente de que en el fondo no existe una sustentación inteligente que garantice que su oferta responde a una estrategia que nos indique que estamos ante la presencia de estadistas y no de mercachifles. No se trata de disfrazarse de recolector de basura, de pintor, albañil, Santa Claus, ciclista, futbolista; en fin, de lo que sea para tratar de convencer al pueblo que se es uno de ellos. Tampoco valen los discursos que más bien parecen cuentos de hadas. Los panameños merecemos algo más.

Por otra parte, qué pena que perdamos la capacidad de recordar las cosas buenas que este o cualquier otro gobierno nos dio para progresar y forjar un mejor país para nuestros hijos. Solo basta que quienes quieran reemplazar al que está en la silla presidencial nos diga que todo ha sido malo para montarnos en esa falacia. No hay gobierno lo suficientemente bueno, pero tampoco los hay totalmente malos.

Es importante reflexionar. Es necesario saber escuchar y tener la capacidad de separar lo que es basura de las cosas buenas. Debemos exigir respeto a nuestra capacidad de discernir. Ya es hora de que tengamos la madurez política para no dejarnos encandilar de la excesiva publicidad, como si la Presidencia de la República fuera un producto en la estantería de una tienda.

Es hora de que las autoridades electorales limiten el excesivo uso de millones de balboas para que la democracia no quede lesionada por un injusto baile económico que sería tanto como aquello de que “traga más harina el que más saliva tenga”.

La suerte de un país no puede estar enmarcada en un asunto tan subjetivo, sino que debe ofrecer a todos y todas la oportunidad de conocer cuál es el discurso correcto y cuál no es más que charlatanería. No hacerlo colocaría el barco de la Nación a la deriva.

-El autor es periodista.emacor@cableonda.net