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28 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Rasgadura de vestidos

Señalé en un artículo de opinión, que existía un argumento, esgrimido con alguna propiedad, en el sentido de que la política era: “hacer...

Señalé en un artículo de opinión, que existía un argumento, esgrimido con alguna propiedad, en el sentido de que la política era: “hacer posible lo imposible”. Me referí —en ese momento— a la precipitada y forzada selección del candidato a vicepresidente por la fórmula oficialista, cuando era evidente la contradicción con la candidata a presidenta, profundizada en las primarias de su partido. El tono ofensivo con que se trataron en ese evento dio la impresión de que la reconciliación —si se daba—, tardaría un poco, lo que no fue así. Es claro que los dos bloques que resultaron de ese acontecimiento partieron al PRD, poniéndolo en una situación difícil. Luego, la fusión Balbina-Navarro fue justificada sobre la base de la unidad del partido, más que en reconocer la fuerza interna del ahora candidato a la vicepresidencia, y sobre la necesidad de presentar pujanza ante la debilidad manifiesta. Para muchos miembros del partido gobernante no fue fácil digerir esa unión, sobre todo si se hablaba de traición. Y, no faltaron quienes vieron como justificación de ese acto, una actitud de cristianos, que “sanaba heridas” y “pasaba la página”.

De la misma manera, ante la impensable unión del PRD con el Partido Popular —enemigos históricos, no contrarios políticos— surgieron defensas, con la tesis de la fusión sobre la base de la “identificación en principios y en una visión conjunta de país”. Atrás quedó el escarnio público, lo mismo que las persecuciones, destierros, carcelazos, desapariciones y el desmadre del gobierno militar sustentado ayer por el partido que hoy está en el gobierno. Así, las justificaciones aparecieron, y peor aún cuando, sin ningún recato, las hacen convencidos de que sus “verdades” son válidas y que los panameños somos unos mentecatos.

Con la libertad de escoger a sus aliados, el PRD ha hecho unión con los que ha querido. El mismo derecho tienen los que lo adversan. Pero como en política se hace “posible lo imposible”, lo que parecía irrealizable se concretó. Desde luego, hablar de un bloque de oposición es hacer realidad el axioma de que “el todo es la suma de las partes”, y en consecuencia, hablar de una cohesión que da una fuerza, difícilmente vencible. He allí el problema, y he allí la rasgadura de vestidos. De modo que escandalizarse como lo ha hecho el oficialismo, expresa una posición de desesperación y temor, e igualmente una supina ignorancia, por cuanto que debió saberse que en la “lucha política” estarán de un lado quienes se oponen y del otro lado quienes comparten ideas y acciones. Era de esperar que si el oficialismo se presentaba con una candidatura única, la oposición evolucionaría hacia lo mismo, si en verdad aspira a ganar el gobierno.

Una de las acciones de la oposición política al PRD deberá ser explicar los términos de la alianza y el espacio del pueblo en ese concierto. Lo mismo deberá hacer el oficialismo con toda la seriedad, y no con el razonamiento del “origen popular“,” asentado hoy sobre una declaración patrimonial millonaria. Ante la ausencia de una oferta electoral popular, habrá que elegir entre lo que hay. El llamado es a acudir a las urnas, para que como dijese el comentarista Juan Carlos Tapia: “votar por el que más nos guste o el que menos nos disguste”, porque la “clase política” ha llevado al panameño al terreno de la subjetividad, lo cual no le ha permitido optar con criterios bien formados por una adecuada propuesta de gobierno.

- El autor es docente universitario. Jorge0913@pa.inter.net