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22 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Pedigüeños vulgares es lo que son

Con motivo de la murciomanía, se ha querido deliberadamente confundir algunos términos. Cuando se hace una donación, quien dona da volun...

Con motivo de la murciomanía, se ha querido deliberadamente confundir algunos términos. Cuando se hace una donación, quien dona da voluntariamente algo sin compromiso de ninguna clase. Es un hecho voluntario sin responsabilidad alguna de quien recibe la donación. Acudir a una persona y pedirle es algo totalmente distinto, se trata de un acto de pedigüeños, estos abundan en el PRD y ofrecen retribuciones visiblemente corruptas y reconocidas desde el nacimiento de este partido.

Este es un vulgar trueque. Se trata de favores al margen de la ley, la moral y las buenas costumbres. En este caso, quien da exige la forma como se ha de retribuir lo que le pidieron. Es así como se satisfacen las peticiones para una compensación posterior desde una posición gubernamental, como en el caso en que están involucrados los candidatos vinculados con David Murcia Guzmán, quien afirmó haber entregado cuantiosas sumas de dinero a la candidata a la Presidencia del PRD y candidato a la Alcaldía capitalina, como se ha expuesto diversamente en los medios. Este es un hecho innegable. El caso que nos ocupa lleva al país al descrédito internacional, porque se ve a Panamá como un país sumergido en las aguas profundas del miasma, la podredumbre y el cieno.

De 1968 para acá el país siempre ha sido salpicado por los nefastos e incontrolables nexos con el narcotráfico y quien lo llevó a la más escueta e inocultable actividad fue Manuel Antonio Noriega.

Hace falta un control internacional en donde de una nación a la otra haya una comunicación permanente y fluida, de tal suerte que cuando uno de estos personajes lejos de entrar por la puerta ancha, como lo hizo David Murcia Guzmán, entre bajo la lupa gubernamental, de conocerse sus antecedentes, sus prontuarios y sus nexos con los cuadros de carteles del narcotráfico.

No es aceptable siquiera pensar que ese personaje de marras haya venido a delinquir a Panamá por primera vez. Las actividades de esta figura al margen de la ley deben estar registradas en su país de origen.

En este caso si no se firma un convenio en tal sentido, la narcomafia siempre hará de las suyas en nuestro país, con el visto bueno de las autoridades de todos los países.

Pero el país al que le duele la muela, como Panamá en este caso, es menester que tome la iniciativa para de esta manera evitar que la sociedad panameña sea invadida por estos depredadores insaciables.

Claro que estos pasos solamente se dan cuando existen gobiernos serios y el nuestro en esta ocasión, desgraciadamente, es tierra abonada para estas tropelías. Gobernantes pedigüeños nunca. Sólo con Martinelli, se revertirá este camino desorbitado y delictual.

-El autor es empresario.juramor777@hotmail.com