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28 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Degustar sapos

El saborear con deleite algunos alimentos depende en gran medida de los gustos y las creencias de los comensales, aunque en ocasiones se...

El saborear con deleite algunos alimentos depende en gran medida de los gustos y las creencias de los comensales, aunque en ocasiones se haga de tripas corazón y se coma lo que se ponga por delante por no contrariar a nuestro anfitrión o talvez por conveniencia social o política, aunque en privado regurgitemos hasta los intestinos.

Ciertos alimentos están prohibidos por algunos comensales al extremo que producen ataques histéricos ante su sola presencia, como es el injustificado caso de los sapos. La razón de la repugnancia que sienten estos comensales ante estos alimentos se justifica, según ellos, debido a su asquerosa morfología. Y lo que para algunos puede ser un banquete, para otros puede ser comida vedada, hasta que alguien les enseñe cómo degustarlos, demostrándoles que sus aprehensiones son solo imaginarias.

Cómo lograr que alguien deguste lo que perjuraron nunca probarían es menos científico de lo que imaginamos, solo hace falta un par de buenos nudillos para obtener respuesta positiva y si están amenazados con ser expulsados del banquete para ser reemplazados por otros que sí les guste el menú, las respuesta puede ser hasta entusiasta.

Para los que se encuentran ante esta penosa situación, valor ante todo, anteponiendo los intereses de la patria a los intereses personales, sociales o políticos. Y para que el acto de degustar no sea tan desagradable al sentir transitar por la garganta a un batracio viscoso, pueden practicar con pequeñas lagartijas que pueden encontrar escondidas en oscuros rincones de las pequeñas empresas, no saben igual, son pequeñas y pocos sustanciosas, pero para lograr el acometido vale la pena intentarlo.

Superado el asco inicial y después de ensayarlo unas cuantas veces, puede aparecer un poco de vértigo y sentir los ojos girar en órbitas interminables, síntomas de que se encuentran preparados para degustar lo que sea, como sea y con el acompañamiento que sea. Con buen estómago y pocos escrúpulos se logra todo.

Superada en privado la fobia a los anfibios será mucho más fácil en público ante la vista del resto de los comensales el degustar los extravagantes platos que al anfitrión se le ocurra y que son parte del menú más apreciado por este. Y se debe estar, tanto mental como sicológicamente, preparado para no ser sorprendido con talvez una exquisita anguila eléctrica o talvez sesos de primates servidos sobre unas bellos mantelitos blancos en forma de pañuelos.

Los tiempos cambian y los gustos dependen de quién detente el poder, lo que puede contribuir a que la sociedad deseche viejas creencias, que talvez en sus tiempos fueron justificadas, pero que ahora son solo creencias enmohecidas. El anfitrión puede utilizar recursos persuasorios, como el nombrar a un digno representante de las viejas creencias para que sea el que dé ejemplo de degustación hasta chuparse los dedos.

-El autor es M. Sc. Administración Industrial.gperear@cableonda.net