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04 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Sinvergüenzura y equidad

Constituyen estos dos extremos, el uno ideal y el otro el real, las luchas internas de nuestro modo de producir capitalista. La sinvergü...

Constituyen estos dos extremos, el uno ideal y el otro el real, las luchas internas de nuestro modo de producir capitalista. La sinvergüenzura constituye la mejor forma de presentarse en la sociedad y servir a los peores intereses egoístas de una nación pretendiendo no sentir remordimiento. La sinvergüenzura es conocida y planificada, es inteligente y malvada, siendo capaz de acusar y lograr la condena de un inocente por el solo hecho de descubrir sus objetivos, de negociar beneficios ilegítimos, a fin de arruinar o sepultar a quien obstaculice sus malvados propósitos.

La sinvergüenzura evidencia una peligrosa cercanía a la criminalidad. Junto al ejercicio del poder sirve como un brazo impune e ilegal, que se adhiere para ejecutar las peores tareas en nombre del Estado, pero para beneficio de quienes de él se sirven. Sinvergüenzura es demasiado contrario a transparencia y equidad. La equidad pretende justicia hasta para los sinvergüenzas, pero propugna por un sistema de firmeza que sostenga sólidamente su efectiva permanencia. A los sinvergüenzas no les conviene un sistema de equidad y en su avaricia la ignoran o abanican como utopía.

Un modelo humano firme y decente debe implementar mecanismos lógicos o hasta científicos exigentes que puedan enfrentar con ahínco toda modalidad de sinvergüenzura. Solamente la mediocridad es capaz de vivir con los descaros de aquella en una sociedad que pretende o se jacta de “democracia y de justicia”. Sinvergüenzas y sinvergüenzura son fácilmente señalables en nuestra sociedad, pero deambulan con sus rostros de lata por la tolerancia que un pueblo demasiado pacífico sabe mantener cuando se los choca en los comercios o en la ciudad.

Nuestros quinquenios de democracia han servido para conocer, afianzar y refinar en su modo más técnico y productivo el manejo de la sinvergüenzura, al punto que se han destacado individuos de los más cínicos como representantes típicos o defensores públicos de esta actitud. La Asamblea Nacional ha sido criadero de esta forma inmoral de ser y permanecer. El anteponer miserables intereses de partido o personales a cualquier interés social o de justicia, ha sido la peor forma de tornarse sin vergüenza y manchar su alma para lustrar su insaciable avaricia.

¿Cómo puede un diputado, ex magistrado de la Corte, pagado y engrandecido siempre por los recursos de nuestra sociedad, salir ante los medios con su cara de lata a defender, de lo más convencido, tanta sinvergüenzura y privilegios de un grupito que no logró siquiera medir la longitud de sus abusos ante nuestra sociedad?

Este es a mi juicio un claro y reiterado acto de sinvergüenzura y es por este tipo de señores que se aprueban en Panamá las peores y más perversas leyes que afectan a todos como los Contrato Petaquilla, corredores Norte y Sur, y un montón de otros males que al menos han servido para expulsarlos del poder, aunque a elevados costos.

Nuestro modelo por el cambio debe introducir normas y procedimientos tendientes a la prevención y control de todo tipo de descaro incluso legislativo, eso solo lo resuelve la paciencia y la inteligencia.

Nada de apuros, estos son la excusa del no pensamiento para introducir los goles dañinos a Panamá.

-El autor es abogado.jcpastor1622@hotmail.com