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26 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Dueños de la verdad

Es sumamente deplorable escuchar a individuos autodenominados prolijos inquisidores del acontecer ciudadano, cuando no son aptos para gu...

Es sumamente deplorable escuchar a individuos autodenominados prolijos inquisidores del acontecer ciudadano, cuando no son aptos para guiar la opinión de los demás, gracias a sus descomunales rabos de paja ganados en anteriores actividades amparados por imaginaria impunidad.

La cuestión abordada ahora nace de los comentarios de ciertos conductores de un programa televisivo. Espacio supuestamente dedicado al pugilismo, con abundante y excelente bagaje de esta rama del deporte sin faltar una coma.

Pero, recientemente tildaron de mentiroso a Bosco Vallarino, alcalde del distrito capital, además de reprochar sarcásticamente sus frecuentes apariciones con una estampa religiosa. Asimismo, lo designaron indiscutible rey de la ignorancia administrativa comunal.

No soy gratuito o pagado defensor de la gestión del citado funcionario, pero lastima oír sandeces de los menos indicados para calificar su trabajo y festejar sus “ metidas de pata ”.

Por tal razón, traigo al tapete una contienda titular falazmente presentada con exagerada publicidad como una difusión en directo el 24 de enero de 1982 desde Atlantic City (EE. UU.), donde Eusebio Pedroza defendía su faja universal frente al boricua Juan LaPorte. Previamente, los mejores del boxeo notificaron la transmisión del evento en el preciso momento de su ejecución. Aún recuerdo el insólito fraude del que fui víctima, junto a gran cantidad de seguidores de la pantalla chica.

Patente está en mi memoria el enfado mostrado por los “ dueños de la verdad ”, cuando bien temprano un canal de la competencia reveló el triunfo del “ Alacrán ”. Mientras ellos solapadamente pasaban en diferido el combate con ribetes “ de directo ”. Sin duda, son culitripis con piernas de trapo.

Fue un imperdonable desliz de los amos del embuste. La conducta del rival noticioso produjo un tremendo disgusto a los tramposos de la época, quienes tacharon el informe de perjudicial a los innumerables anunciantes del evento. No hubo rectificación ni disculpas por la falsa acción periodística, solo interesaban sus inmensos intereses personales.

No acabaron allí sus andanzas; porque también rememoro la discutida acción de los jueces del pleito de Pedroza contra el costarricense Rudy Alpizar la noche del 7 de julio de 1982, declarado sin decisión por una brecha sufrida en el segundo asalto por el actual miembro del Salón de la Fama. Repudié el veredicto en el semanario Todo en Deportes , editado por La Estrella de Panamá.

En aquel entonces fui el blanco de un ataque a mansalva, del que participaron los sujetos aludidos y otros muchos comunicadores sociales de igual calaña.

Defendían a toda costa, junto a la flamante COMIBOX presidida por el recordado Tomás Alberto Cupas, la corona del coterráneo, sin importar la claridad del resultado y del hecho en sí. Lo esencial era mantener el cinturón mundial en Panamá, basándose en un malévolo y archiconocido dicho: “ A lo tuyo con razón o sin ella ”.

No soy el más verás, y cometo errores. Pero, sigo sagradas enseñanzas evitando lanzar la primera piedra; aunque los comentarios de los sucesos parezcan barrabasadas carentes del más mínimo fundamento. Apuntalo esta opinión con la sentencia de Abraham Lincoln: “ Se puede engañar a algunos algunas veces, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo “. ¡Zapatero, a tus zapatos!

*Fotógrafo profesional.opinion@laestrella.com.pa