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27 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

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Zelaya debe retornar a su cargo

Cuestiono al presidente Martinelli y al vicepresidente Varela ¿cómo si sentirían si la Corte Suprema de Justicia emitiera un fallo por d...

Cuestiono al presidente Martinelli y al vicepresidente Varela ¿cómo si sentirían si la Corte Suprema de Justicia emitiera un fallo por declaraciones emitidas contra ese órgano del Estado y una madrugada se aparecen policías en arreos de combate, los meten a la fuerza en un avión y los mandan para Italia? La respuesta es obvia; considero que quienes sufrieron las rigurosidades de los militares torrijistas y norieguistas no pueden aplaudir ni avalar semejante actitud.

Los panameñistas de verdad, aquellos que se curtieron en las montañas, los que perdieron la vida, los que lloran a sus desaparecidos, los mutilados, no pueden, jamás, estar de acuerdo con declaraciones enclenques acerca de la situación en Honduras. Y es que la reacción de la comunidad internacional fue muy débil. Había que romper relaciones con el gobierno de facto y actuar con fuerza. Con independencia de las intenciones del presidente Zelaya y su cercanía a Hugo Chávez, esas no pueden ser excusas para actuar con flexibilidad en un asunto que requiere una postura enérgica.

Hoy, las autoridades hondureñas están en caminos peligrosos. Deben saber que detrás de sus actuaciones están los muertos en las manifestaciones, los torturados, los encarcelados, los perseguidos; el abuso de autoridad; la censura, el atropello a la libertad de expresión; el deterioro de uno de los países más pobres de la Región; por consiguiente no darán vuelta atrás. Si hablan de aplicar las leyes, en su justa dimensión, ellos serían los primeros en caer. Eso me recuerda a los norieguistas. En su afán con tal de no perder sus espacios, privilegios y canonjías, apoyaron a un generalito que los llevó al despeñadero.

Eran conscientes de que si permitían la caída de su líder ellos también correrían la misma suerte como el efecto dominó. Así están los políticos hondureños; saben que permitir el retorno de Zelaya sería como desenmascarar sus crímenes y por consiguiente su enfrentamiento con la justicia. La comunidad internacional le dio mucha rienda al conflicto. Ahora, algunos gobiernos piensan que la salida a la crisis se dará con las elecciones de noviembre. ¡No señores, la salida implica, primero, el retorno de Zelaya, quien fue secuestrado y expulsado de su país!

Ciertos amigos no están de acuerdo con mis planteamientos. Ellos rechazan lo que huela a comunismo o chavismo y como Zelaya adhirió a Honduras a la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de América, ALBA, impulsada por Chávez, es fácil llegar a una conclusión.

Admito que al principio fui partidario del gobierno chavista, pero con las persecuciones en contra de los adversarios políticos, el cierre de medios y el cercenamiento de la libertad de expresión, no queda otra que repudiarlo, pero, ello no será motivo para respaldar a los golpistas hondureños. El pecado de los funcionarios de ese país centroamericano fue ignorar los procedimientos legales y permitir la actuación del ejército. Si a Zelaya se le hubiera juzgado, respetando sus derechos y luego separado del cargo, no estaríamos en este laberinto.

Espero que en otras circunstancias similares los gobiernos del mundo actúen con valor democrático. Arnulfo Arias Madrid fue despojado de su legítimo triunfo en varias ocasiones. Otros corrieron igual suerte; fue el Sáhila de Arco Iris quien más sufrió el escarnio y la persecución y quienes rechazamos esas acciones no podemos aplaudir lo que ocurre en Honduras. Primero regresa Zelaya como presidente y luego lo demás.

*Ex secretario de prensa de la Presidencia.rehernandez19@gmail.com