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04 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Una televisión ‘opinionada’

La industria de la televisión está mal, moralmente mal. En los últimos años, los periodistas y comentaristas a cargo de diferentes progr...

La industria de la televisión está mal, moralmente mal. En los últimos años, los periodistas y comentaristas a cargo de diferentes programas de televisión han preferido lo más fácil y se han olvidado de lo fundamental. Por lo visto, en la actualidad no parece haber cabida para los Fat Fernández, los Tommy Cupas o Mario Velásquez. La tan esperada nota editorial de un canal de televisión ha quedado relegada, y ahora las cámaras buscan y prefieren el formato de opiniones que ayuda más a subir los “ratings”, pero no necesariamente contribuye a mejorar el intelecto de los televidentes.

Si Harmodio Arias Madrid viviera hoy, no sería un fanático de estos programas que actualmente abundan en nuestros canales de televisión. El presidente Arias siempre reconoció que “ precisamente la opinión de aquellos hombres que no quieren expresar su opinión es la que más le conviene y más necesita el país ”.

Desafortunadamente, una buena cantidad de la programación ofrecida diariamente por los canales son foros para más nada que la incesante y repetitiva oferta de opiniones. Estudiantes y expertos en periodismo y televisión, se debaten sobre las razones por el explosivo crecimiento de estos programas de opinión. Desde la perspectiva de un canal de televisión, el formato de opinión encaja perfectamente en la estrategia del director de producción, porque no necesita de mucha planificación ni depende de gigantes presupuestos de redacción, ni requiere inversión en investigación periodística. Además de ser más económicos que los noticieros de informaciones más elaboradas, las opiniones aumentan la temperatura interior de los que lo ven, tal vez porque la audiencia se siente más cómoda escuchando y viendo la palabrería, la mofa y hacer el ridículo.

Independientemente de las razones financieras y económicas que puedan existir para explicar la proliferación de estos programas o simplemente de los cambios en preferencias y hábitos de costumbre que hayan experimentado los televidentes, lo cierto es que los canales de televisión están mostrando una programación “ opinionada ” en los mismos horarios que tradicionalmente estaban reservados para noticias. Tal como lo señala Jorge Ramos en un reciente artículo, “ las noticias en televisión han sido reducidas a una tribuna de opinión, comentarios y mercadeo de rostros. Y a su vez, están calando a lo interno de cada país en la misma proporción inversa al nivel intelectual y moral de sus habitantes ”.

Es decir, Panamá es terreno fértil para las opiniones. Y quizás este fenómeno sea más aparente en las programaciones de 6 a 8:30 am. El impacto de las opiniones a esa hora es tan profundo, que desde estas tribunas se siembran los comentarios que posteriormente harán noticia durante el resto del día. Es folclórica la forma, velocidad y el volumen con que las opiniones son vertidas a los televidentes, sin importar la falta de sustancia ni el lenguaje pobre que se utiliza. Ya ha gustado tanto el esquema del “ dime y te diré ” que informalmente lo están adaptando, adoptando y utilizando en juntas técnicas, consejos de Gabinete, foros académicos y encuentros empresariales.

Desde 1980, el año cuando la cadena CNN lanzó al mundo su canal de noticias 24 horas, Headline News , la audiencia en todas las estaciones de televisión ha disminuido en los horarios de noticias. Y lo más significativo es el hecho de que la edad promedio de los televidentes ha subido en esos mismos segmentos en que el “ rating ” ha bajado. Por eso la razón de estos inventos de inundar al público con opiniones. Pero en el camino, han jugado con uno de los principales mandamientos de cualquier medio de comunicación: su independencia editorial. Los canales han olvidado conceptos como la reserva de la fuente y la brecha entre lo comercial y lo editorial. Hoy día se organizan programas de opinión en base al peso comercial que tiene una fuente. Históricamente, el Gobierno Nacional ha sido exitoso en colocar a sus funcionarios en cada uno de estos programas. Es decir, el Gobierno tiene su silla, la oposición tiene otra, tal sector tiene la suya, y así se reparten el guión. Ya no importa lo que el canal o el director decidan, si el patrocinador de una publicidad lo quiere, ¡es suficiente!

Una solución para erradicar este mal no llegará rápido y será muy difícil que, mientras la audiencia se alimente de la comidilla política, el sarcasmo vulgar y el bochinche ordinario, las estaciones hagan algo al respecto. Y es que, mientras los “ ratings ” dependan de las opiniones, la industria jamás se autorregulará. No importará que la televisión como institución pierda su glamour y la correcta perspectiva de su propósito; los programas de opinión dejarán de existir el día en que los mismos dueños de canales miren hacia adentro y se propongan reconvertir a la pantalla en una oportunidad de entretenimiento e información, y no de charlatanería y relajo mediático como ocurre actualmente.

Solo habría que recordar la forma en que recientemente las televisoras manejaron las horas siguientes al fallecimiento del ex presidente Guillermo Endara. La noche misma del funeral de Estado, no se les ocurrió más que organizar paneles con familiares y amigos para verter opiniones y comentarios sobre la figura del que fue un ciudadano ilustre del país. Nunca hubo un planteamiento serio de realizar un programa sobre la vida del presidente Endara ni de su gestión como funcionario, amigo, presidente y figura política. Nunca se preparó un reportaje completo y detallado ni se desclasificó información de sus expedientes, ni se produjo un documental cronológico o sinóptico. Fue triste ver y tener que escuchar toda la noche una sarta de opiniones y disparates, luego de que la máxima expresión de la democracia panameña fuera despedida por miles y miles de ciudadanos en las calles y avenidas de la ciudad.

No es de extrañar que la justa y amplia visión de Harmodio Arias lo llevara a escoger la palabra escrita. No me imagino un periódico con sus páginas rellenas de opiniones y dedicadas al culto de los comentarios y explicaciones. Eso no solamente explica que hablar es más fácil que escribir, sino que la palabra impresa queda y no se la lleva el viento. Y desde allí la importancia de que se recupere una tribuna editorial de los medios televisivos, sin ruido ni publicidad contagiada, que mantenga vigencia y sirva como verdadero formador de opinión.

*Empresario.lifeblends@cableonda.net